Ser emigrante no es delito

Quienes alguna vez, sea por razones políticas, económicas o de cualquier índole, hemos recurrido al exilio, sabemos lo difícil que resulta vivir lejos de familiares y amigos y de nuestros lugares comunes de toda la vida. Cuando no se va de viaje, sino como resultado de ciertos factores que obligan al alejamiento, todo desde principio a fin resulta complicado, si bien no pocas veces se consiguen buenos empleos, excelentes amigos y hasta desde el punto sentimental afectos y amores de pronto tan dulces como inesperados.

Que incluso dentro del momento de felicidad generan un problema nuevo: quedarse para siempre en el lugar, cercano o lejano, no resultando fácil muchas veces la vuelta definitiva cuando a la pareja lograda también le «tira» su tierra y de allí no quiere moverse.

Emigrar cuando las circunstancias lo imponen o poco menos, no resulta un delito. Por el contrario, para muchos, puede constituir un verdadero martirio. Aunque trate de disimularlo. Y siga en el exterior, sabedor de que por razones económicas, como suelen decir los pibes de hoy día «no hay otra». ¡Ni hablemos, como pasó a miles durante el proceso cívico-militar que azoto al país, los impedimentos son políticos y motivaron el alejamiento por razones de supervivencia bajo un régimen que no daba garantía alguna!

La reflexión viene al caso, teniendo en cuenta el «naufragio» por impedimento de blancos, colorados e independientes, del proyecto de ley que hubiera posibilitado el voto de uruguayos en el exterior, algo que para los partidos tradicionales fundamentalmente es un verdadero tabú, habida cuenta de su estúpido e inconsistente razonamiento de que «todos los que se fueron son del Frente Amplio». (Lo paradójico es que algunos legisladores no frentistas que negaron el voto, en su momento tuvieron que irse del país y no eran de izquierda).

Que los habitantes exiliados de países del primer mundo puedan votar, en las elecciones que se llevan a cabo en su nación, estén donde estén, debería servir de ejemplo a quienes echaron por tierra el sueño del voto de uruguayos desde el exterior.

El argumento de que «los de afuera son de izquierda», a todas luces resulta una de esas tonterías que partidos en decadencia, que incluso recurrieron al balotaje para tratar de, juntos, derrotar sin lograrlo a un conglomerado político que hoy gobierna al Uruguay, a esta altura de los acontecimientos resulta infantil. Muchos blancos, el día que desde «arriba» se les exigió votar a un Batlle, un hecho contranatura en la gloriosa historia del Partido Nacional, o votaron en blanco o eligieron la vía de incorporarse a uno que otro sector de la izquierda, diciéndole no sólo «adiós a Batlle» sino también a los Lacalle, Larrañaga, Gallinal ¡y resto de la comparsa!

Los dos tercios de votos no se consiguieron ante esta negativa absurda. Aunque el pueblo siempre tiene otras alternativas para lograr lo que más quiere o le conviene. Los argumentos, entre otros, del siempre enojado Borsari de que quienes no pagan impuestos en Uruguay no pueden decidir por quienes en él viven, caen por su peso cuando se hace una compulsa a nivel de bancos o empresas que recepcionan y envían remesas de dinero, demostrando que mensualmente y destinados a familiares de exiliados llegan millones de dólares o euros, no sólo destinados al pago de impuestos, sino también al monto destinado a rubros como alimentación, alquileres, vestimenta, estudios, etc., todo lo cual redunda en beneficio de un Uruguay ¡donde los «lejanos» no tienen ni voto!

Ayer (y que no se tome la mención como un «chivo» publicitario) conversamos con gente de Tienda Inglesa sobre la tarjeta Gift Card de dicha empresa. La misma, nos confirmaban, es utilizada por miles de uruguayos en el exterior como forma de enviar remesas de dinero utilizable en compras de artículos de primera necesidad en la mencionada firma, donde también con los rubros de artículos acreditados pueden pagar facturas de UTE, Antel, OSE y todo tipo de impuestos sus familiares residentes en Uruguay. Por lo que resulta increíble opinar (voten a quien quieran votar en elecciones) de que todos los que están fuera del país no pueden tener injerencia de ningún tipo en su destino político, económico y social.

Los argumentos del diputado frentista Ortuño, de que el proyecto de ley en cuestión se basa «en la necesidad de apostar a la vinculación con quienes se han ido y a su integración como parte de un proyecto nacional del país», ¡vaya si son valederos!

Lamentablemente, con gente que derrotada en las elecciones por el pueblo y gobernado por más de 100 años nunca hicieron lo que ahora exigen se haga de un día para otro, mucho habrá de demorar Uruguay en ponerse a la altura de lo que las circunstancias imponen.

Es realmente penoso, pero hay que seguir luchando para que tan lamentable estado de cosas algún día pueda ser superado. *

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