El "memo de la tortura" del presidente Bush
E n EEUU se tortura en nombre de la democracia y la libertad. No lo dice LA REPUBLICA, lo dijo el ex presidente demócrata de EEUU Jimmy Carter, alguien insospechable de ser un izquierdista. «No creo» que el gobierno de Bush torture, sino que «lo sé de manera cierta», afirmó el Premio Nobel de la Paz, interrogado por CNN sobre si creía que en su país se practicaba la tortura.
Un artículo de The New York Times reveló que hay documentos del Departamento de Justicia que dicen que la Ley no impide pegarle a un detenido ni someterlo a temperaturas extremas o a un simulacro de ahogamiento.
Los documentos publicados por el prestigioso diario fueron preparados por la oficina legal del Departamento de Justicia. durante la gestión del fiscal general Alberto Gonzales, un aliado del presidente George W. Bush, que debió renunciar a fines de agosto. Gonzales asumió el cargo en 2005. Poco después, la oficina del abogado del gobierno encontró una laguna jurídica para proteger las técnicas de interrogatorio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de posibles intentos de supervisión.
Funcionarios del gobierno decidieron en privado que, si bien la Convención contra la Tortura impedía a la CIA emplear la tortura, la agencia no debía respetar necesariamente la prohibición a los tratos «crueles, inhumanos o degradantes».
Los métodos aprobados incluían lo que The New York Times describió como «aluvión» de «dolorosas» técnicas de abuso físico y psicológico.
El «memo de la tortura», como se lo conoce ahora, fue redactado en agosto de 2002 por el entonces fiscal general asistente, John Yoo, quien defendió la legalidad de esa práctica y argumentó que se podía negar a los «combatientes enemigos» la protección de la Convención de Ginebra.
Para el Departamento de Justicia, las técnicas de la CIA no violaban los principios consagrados por la legislación internacional. La tortura entonces estaba legalizada.
La Casa Blanca dio el visto bueno para que la CIA continuara con sus prácticas aberrantes contra los sospechosos de terrorismo que mantenía en sus en cárceles y centros de detención secretos en Afganistán, Europa oriental y Tailandia.
Las técnicas incluían mantener a los prisioneros desnudos durante horas en celdas a muy baja temperatura, golpes en la cabeza, privación del sueño, obligarlos a adoptar incómodas posturas corporales y el «submarino», en el que se sumerge la cabeza del detenido en agua, casi hasta el punto de la asfixia.
Este método fue utilizado por la Inquisición en España. También fue una práctica común de las dictaduras militares en América Latina que fueron apoyadas por Washington. Los patriotas uruguayos que resistieron y combatieron la dictadura lo saben. Los muertos y los desaparecidos nos lo recuerdan.
Los testimonios de ex detenidos en sitios secretos de la CIA, en el centro de detención de Guantánamo, en la cárcel iraquí de Abu Ghraib y en la afgana de Bagram, e incluso en la base naval de Carolina del Sur, sugieren que muchas de esas técnicas fueron aplicadas de forma sistemática y generalizada.
Ex detenidos, la mayoría liberados sin ningún cargo en su contra, relataron que fueron mantenidos en un aislamiento absoluto durante meses, privados de sueño y de la luz solar, desnudos en celdas minúsculas, sofocantes o heladas, u obligados a estar durante horas en posiciones dolorosas, sometidos a una música atronadora, entre otras cosas.
Este es un ejercicio de poder intolerable, que infringe incluso los principios que fueran enunciados durante la guerra revolucionaria por el general George Washington. Las acciones del patriota norteamericano se caracterizaron por la lucha contra lo arbitrario. Pero las ideas lanzadas por el principal héroe y primer presidente de EEUU no parecen estar en la agenda de Bush. El republicano está decidido a mantener su impero bajo el signo de la tortura. *
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