Los "veteranos" al trabajo
He tenido una alegría dentro de todo el panorama que nos rodea en estos días de conflictos, de idas y venidas desde todos los ámbitos que sacuden la vida de nuestro país.
Ella se debe a que a iniciativa del Poder Ejecutivo, el Legislativo, a través de la Comisión que corresponde, está elaborando una ley que permita acceder a puestos de trabajo a todos aquellos que se han quedado sin él, dentro de la franja de los 45 a 60 años.
En nuestro país, a pesar de los éxitos obtenidos últimamente respecto de la desocupación, disminuyéndola ostensiblemente, sabemos que llegada a esa edad «crítica», a todo aquel que busca empleo le es casi imposible conseguirlo. Con el consiguiente deterioro en sus números respecto de su historia laboral, bajando los promedios para el día en que llegue la hora de acceder a una jubilación.
Realmente la ecuación de los que ofrecen empleo no la hacen bien. Ya que a esa edad, el ser humano llega a la plenitud de su experiencia en la actividad que se haya desarrollado. Asentado en sus apreciaciones de la vida, con un bagaje enorme sobre sus espaldas, y que al estar dispuesto a desarrollar y volcar todo lo absorbido, al medio que lo quisiera aprovechar, sería muy beneficioso para ambas partes.
En nuestro país que, sabido es, tiene un enorme porcentaje de habitantes mayores de 45 años, sufren ellos el flagelo de encontrarse a esa «altura del partido» (desocupación mediante) con las tremendas barreras que se aplica a todos los «veteranos» para poder insertarse nuevamente en el mercado laboral. Ellas son por diferentes motivos.
Por ello debemos intentar proteger a esa parte de la población que, además de tener derecho a algo tan sagrado y primordial como es el trabajo, llevan sobre sí la enorme valentía de haber capeado los «temporales» que arreciaron a nuestro Uruguay en las últimas décadas, y haberse mantenido en él tratando de no emigrar.
Esta iniciativa de que hablamos intenta subsanar una falencia en nuestro país que permita, como decíamos, mover esa enorme masa de mano de obra en todas las actividades y lograr tener en actividad a «veteranos» que pueden entregar su sabiduría.
A lo que apunta ella (la futura ley) lo explicamos. ¿Cómo se implementaría? Ofreciendo a las empresas de todo el país que quisieran incorporar a sus «filas» a toda aquella persona que se encuentre dentro de esa edad y darle como contraprestación una rebaja en sus impuestos. Además se está estudiando poder rebajar los años de aportes jubilatorios requeridos para lograr ese beneficio, pasando de 35 a 30 años. ¿Por qué esta rebaja? La explicación es muy sencilla. Existe un porcentaje muy alto de quienes no han logrado tener un trabajo estable, por lo tanto, llegados a la edad de jubilarse (60 años), no cuentan con los años de servicios requeridos y si tienen ocupación deben continuar en ella, frenando, con ello, el ciclo evolutivo natural de que al retirarse ingresa otro en su lugar y así mantener un porcentaje elevado y estable de ocupación.
Dicho todo esto, debe afirmarse una cosa. A pesar de producirme alegría la noticia que comento, no es lo ideal, ya que si tuviéramos un país con desarrollo continuo, con industrias trabajando a pleno, con preocupación de quien corresponde sobre las actividades agrarias, ganaderas y todo lo que respecta a nuestro campo, con posibilidades de todo aquel que se instruye en nuestra Universidad, en la UTU, de poder mantenerse en su actividad dentro del territorio nacional, no tendríamos que apelar a esa iniciativa.
Cabe recordar que en los últimos 50 años hemos perdido industrias en todo el espectro de producción. Llegando a niveles muy altos de desocupación y, por lo tanto, se debe apelar a estas iniciativas para poder paliar la situación hasta llegar al ideal.
Además se lleva muy poco tiempo intentando recomponer el tejido social en una economía muy deprimida y devastada. Por lo tanto, es importante ir paso a paso, pero seguro, para que las generaciones futuras y gobernantes que sucedan a los actuales se encuentren en mejores condiciones para poder continuar hacia ese meta que aspiramos.
Por lo menos así lo pienso y lo sueño (de ellos vivimos). *
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