El gringo está agrandado
El proceso de avances del democratismo radical que vive la América al Sur, que se pudo extender a América Central, ha sufrido un duro golpe al confirmarse, mediante un plebiscito que acaba de concluir, que Costa Rica acepta un TLC con Estados Unidos.
La Suiza de América Central, como se le ha llamado a ese país centroamericano, acaba de ser escenario del primer triunfo sólido de los «rubios del norte», como le decía a los gringos Luis Alberto de Herrera.
«Estamos contentos de que Costa Rica se unirá a otros países en acogerse a los beneficios de una mayor integración económica regional y oportunidades de mercado», dijo la representante comercial estadounidense, Susan Schwab, en un comunicado que se conoció ayer.
Costa Rica fue el único país en celebrar un referendo sobre el pacto, que también incluye a El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Estados Unidos.
Es de recordar que el Congreso de Estados Unidos aprobó por estrecho margen el acuerdo en 2005, tras una feroz lucha que dañó severamente las relaciones entre los republicanos y los demócratas sobre el comercio.
Schwab manifestó que el gobierno de Bush trabajaría con el de Costa Rica sobre los pasos adicionales que necesitan tomarse para que el pacto pueda entrar en vigor «tan pronto como sea posible».
«Creemos, y la historia lo confirma, que los países que abren sus mercados tienen un mayor éxito en generar el crecimiento y el desarrollo económico», indicó.
La resolución soberana del pueblo costarricense le da aliento a la Casa Blanca en su intención de frenar los avances integracionistas latinoamericanos y caribeños, luego de fracasar con su propuesta del ALCA.
Por eso los críticos al TLC temen que el pacto dé paso a una ofensiva de las importaciones agrícolas estadounidenses baratas y que lastime a las compañías estatales de Costa Rica, poniendo en peligro el financiamiento de programas sociales.
Es que el pacto expone a sectores estatales como los de las telecomunicaciones y los seguros, a la competencia de firmas extranjeras, por cierto mucho más poderosas que los emprendimientos ticos.
El triunfo logrado por la Administración Bush cuestiona con rigor la política de Cuba y Venezuela, que promueven en la región el fortalecimiento del ALBA, un tratado de cooperación que se vertebra mediante esos dos países y que también cuenta con el visto bueno de Nicaragua y Ecuador.
Si la historia hubiera sido otra, si hubiera ganado el NO el rechazo al TLC, se estaría confirmando una línea frontal de cuestionamiento a las relaciones comerciales con Estados Unidos, cosa que no ha ocurrido.
Hoy la prioridad de la Casa Blanca es mantener a México dentro de su órbita, pero incursionando en la frontera del sur del país azteca, donde El Salvador es la pieza fundamental de Bush, entre otras cosas porque los salvadoreños son los que más nutren con su sangre los áridos y arenosos campos de Irak.
Costa Rica pasa ahora a ser el brazo derecho de El Salvador, el cual junto a Guatemala se transformará en un nuevo eje contrario al amplio marco progresista que se expresa en Cuba, Nicaragua y Haití, junto a la Venezuela de Hugo Chávez, si hablamos de Centroamérica y el Caribe.
Lo ocurrido en Costa Rica muestra, una vez más, que los procesos democráticos radicales no son una línea recta que no para de avanzar. Es tarea de los pueblos y de sus organizaciones democráticas y progresistas actuar con energía para construir nuevas realidades. Por eso debemos reclamar a gritos que el Mercosur supere sus dificultades y se proyecte como una gran fuerza regional.
Los contrarios juegan y eso no hay que perderlo de vista. *
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