Los CERP y la descentralización en la formación docente

Este fin de semana pasado, la Alianza Progresista –738– tuvo su Congreso Nacional «Lágrima Ríos». Fueron dos preciosas jornadas de re-encuentros, de camaradería y también de mucho trabajo entre los compañeros que integramos este proyecto político, que pretende sumar al proceso de construcción del Frente Amplio.

En la jornada del sábado, por la mañana, se trabajó en diversos talleres con los compañeros, de forma abierta y participativa, en donde se podían plantear las diversas realidades y opiniones sobre la marcha del gobierno, las perspectivas de futuro, etc., etc.

Fue en algunos de estos talleres que varios compañeros de diversos puntos del Interior plantearon la problemática que actualmente se cierne sobre los Centros Regionales de Profesores (CERP), amenazados por la posible instauración de un Plan único de Formación Docente, pensado en y desde la realidad montevideana.

Los CERP, son una experiencia que recién cuenta con 10 años de existencia, y son 6 en total, localizados en Atlántida, Maldonado, Rivera, Florida, Colonia y Salto.

De este modo, los CERP intentan responder y reconocer la necesidad de regionalizar y desconcentrar el sistema de formación docente, eliminando, de paso, la concentración y el virtual monopolio que tenía Montevideo en la formación de profesores de secundaria.

Como todo pensamiento reduccionista, este encierra la trampa de la simplificación grosera de la realidad. Uruguay no es un país tan chico, cuando lo comparamos con los 190 y tantos países que integran la ONU, más bien somos un país de extensión mediana; eso sí, rodeado por dos países que se encuentran entre los diez más extensos del mundo.

En cuanto al imaginario del país homogéneo e hiperintegrado, creo que hace bastante tiempo ha quedado como un imaginario del pasado. Nadie desconoce –al menos nadie debería hacerlo– los datos que demuestran la creciente infantilización de la pobreza, o la concentración de la riqueza en los hogares de mayores ingresos en la década anterior, o cómo la pobreza afecta en mayor grado a la población negra de nuestro país, por mencionar algunos datos.

El macrocefalismo montevideano nos lleva a que muchas veces olvidemos que más de la mitad de la población del país vive en el Interior. En Montevideo, el PBI per cápita es superior al promedio del país, al igual que el ingreso medio de los hogares, y se concentran las actividades industriales, empresariales y financieras; y aun mucho más concentradas se encuentran las actividades culturales (cines, bibliotecas, educación superior, etc.): el 48% de la población tiene la posibilidad de acceder al 85% de los bienes culturales; mientras que el 52% que reside en el Interior sólo tiene acceso al restante 15%.

Precisamente, dentro de ese escaso 15% se encuentran comprendidos los propios CERP, a los que ahora se pretende uniformizar, poniendo de ese modo en cuestión su propia existencia.

Tal vez, el aspecto positivo más relevante que han tenido los CERP ha sido el de la profesionalización de la formación docente en el Interior y, por consiguiente, en la cantidad de profesores titulados en el Interior: mientras que en el año 97 en todo el Interior había solamente 1.200 profesores titulados egresados del IPA, hoy en día, entre 450 y 500 profesores egresan anualmente de los Centros Regionales de Profesores.

Para ser más claro: se pueden e incluso se deben revisar los contenidos de los programas de estudio brindados en los CERP, pero debe hacerse de la forma más abierta y democrática posible, con la participación directa de los posibles involucrados por la decisión que se vaya a tomar… porque, en definitiva, en eso consiste la descentralización, en traspasar poder de decisión a los directamente involucrados y afectados por una política

Y no puede servir como argumento para descalificar, o cuestionar, el proceso descentralizador que han significado los CERP. El planteo no puede pasar por volver al modelo anterior, monopólico y concentrado, sino, por el contrario, debería pasar por cómo profundizar y mejorar el modelo actual.

Es que el concepto de descentralización encuentra su sustento en la idea de que vivimos en una sociedad heterogénea y, por consiguiente, en la cual coexiste una multiplicidad de intereses, los cuales pueden ser más fácilmente alcanzados si se deja su concreción en manos de dichos actores.

En la sociedad integrada, justa y equitativa que pretendemos alcanzar ya no son de recibo ni podemos admitir más postergaciones e inequidades de ningún tipo, ya sean sociales o territoriales.

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