Una reforma saludable
E stá a consideración del Senado de la República el proyecto de ley por el que se crea el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), uno de los puntos neurálgicos del programa de gobierno del Frente Amplio.
Junto con la reforma tributaria ya vigente, la reforma educativa a implementarse el año que viene y la reforma del Estado (la «madre de todas las reformas», al decir del presidente Vázquez), la reforma del sistema sanitario es la tercera pata del ambicioso plan de cambios estructurales que se ha planteado el gobierno actual.
A fines del año pasado ya se habían aprobado dos leyes trascendentes vinculadas a la salud: la de descentralización de ASSE y la de creación del fondo de salud (Fonasa), que son los antecedentes inmediatos y necesarios del actual proyecto de ley del SNIS.
Cuando a principios de este año el Poder Ejecutivo envió al Parlamento este proyecto de ley, escribimos al respecto diciendo que la reforma de la salud «contempla un problema de especial sensibilidad para toda la población pero especialmente para los sectores menos privilegiados. (…) un ambicioso proyecto destinado a racionalizar y a equilibrar la prestación de servicios sanitarios.
Este proyecto pretende terminar con situaciones absurdas de superposición de servicios así como se propone introducir equidad en la atención de la salud». En la sesión del martes 2 de los corrientes, en oportunidad de tratarse en general el proyecto en el Senado, la doctora Mónica Xavier expuso con claridad el espíritu que anima al gobierno. Realizó un diagnóstico del sistema actual y planteó la terapéutica que el gobierno considera apropiada para revertir los innumerables males que aquejan al sistema. En Uruguay, el sector salud se caracteriza por una amplia variedad de prestadores de servicios, cuya naturaleza jurídica y forma de financiamiento también es diversa. Básicamente, se divide en dos subsectores: público y privado, ninguno de los cuales es homogéneo ni observa relaciones pautadas de complementación al interior de sí mismo ni respecto del otro, más allá de la eventual compra y venta de servicios. A su vez, hay grandes desniveles en el gasto por usuario entre estos subsectores. Por otra parte, la preocupación sanitaria está centrada actualmente en la enfermedad más que en la salud, en la medicina curativa más que en la preventiva.
Pero más allá de estos aspectos técnicos y de gestión, la realidad actual de nuestro sistema sanitario contiene un elemento particularmente irritante: el costo que tiene para el usuario. Con la caída del salario real verificada durante los últimos años, para el uruguayo medio la cobertura sanitaria se ha vuelto inaccesible, pues si bien los asalariados de la actividad privada cuentan con la cobertura automática de Disse, el costo de los copagos (órdenes, tiques, etcétera) torna prohibitiva la atención en una IAMC. Por esa razón, un alto porcentaje de quienes están afiliados a una mutualista a través de Disse optan por atenderse en el sector público a cargo del MSP.
Toda esta distorsión en la atención sanitaria se pretende corregirla con el SNIS. Concretamente en lo que se refiere al costo, se ha creado un mecanismo mucho más justo y solidario mediante descuentos para el Fonasa que se ubicarán entre un 4,5 por ciento y un 6 por ciento del salario, según el contribuyente tenga menores de 18 años a su cargo o no los tenga. De este modo, se asegura la cobertura sanitaria a los hijos de los asalariados, lo que constituye un avance significativo en lo que podríamos llamar «justicia sanitaria».
La oposición ha expresado su desacuerdo con muchas de las disposiciones contenidas en el proyecto, aunque ha reconocido su coincidencia con el diagnóstico. Siendo que éste refleja una realidad que viene arrastrándose desde hace varios años, llama la atención que los partidos tradicionales no hayan elaborado ni una sola reforma de la salud en los veinte años en que gobernaron.
Nos consta que habrá probablemente detalles a corregir, disposiciones a rever, normas a eliminar y normas a incorporar al proyecto que estudia el Senado. Pero de lo que no cabe duda es que estamos ante un paso fundamental que marcará un antes y un después en la atención sanitaria de los uruguayos. *
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