Tratos de palabra eran los de antes
Recuerdo, desde siempre, haber escuchado de nuestros mayores que la palabra dada era sagrada. Es decir que si se asumía un compromiso, debía cumplirse a «rajatabla», y que con solamente estrecharse la mano entre ambas partes ese trato quedaba sellado, y además se transitaba con tranquilidad luego de ese acto.
A qué viene este comentario del párrafo anterior, a que evidentemente esa época que relato no existe en estos días, lamentablemente. Todo aquello que se gestiona, se discute y se acuerda debe ser refrendado por una firma y, a pesar de ello, no se tiene la seguridad de que lo acordado se cumpla.
En los últimos días hemos asistido a varios hechos que me llevan a escribir estas líneas. Han sido varias semanas de conflictos planteados por diferentes grupos de trabajo. Y he notado que lo que se dice en el comienzo de las reivindicaciones termina siendo algo diferente. El fin de cualquier reclamo de mejora en las condiciones laborales (herramientas, acondicionamiento del lugar donde se prestan las funciones, horarios acordes a esa prestación), se soluciona con incrementos salariales. Que no se entienda aquí que pienso que no son justas las mejoras reclamadas en los salarios por los trabajadores.
Asistimos al conflicto de los anestesistas que tuvo en vilo a todo el país (y sin menosprecio a ese grupo de médicos), son tan sólo un par de cientos en todo el Uruguay como para pensar en ellos solamente. Y como decimos anteriormente, todo comenzó con una reivindicación salarial. Pasó a otros reclamos, según la Asociación que los agrupa, y que el salarial no era el eje de la cuestión. Sin embargo, se llegó a un acuerdo mediante una mejora salarial (que estoy de acuerdo), pero que creo no debió llegar a tal magnitud dicho conflicto, por el perjuicio que dejó a todos aquellos que estaban en situación de ser utilizados los servicios de los médicos. A pesar de que aseguraban que no dejarían a nadie sin atender si era necesario llegar al quirófano. Esta situación llevó a que tuvieran que tomar las autoridades del área respectiva medidas especiales para que los hospitales afectados tuvieran los pacientes asegurada su atención. Ello llevó a generar un gasto extra para las arcas del Ministerio de Salud.
Hubo otro tema que fue muy mediático, y que pienso debió en este sentido el gobierno actuar más firme desde el comienzo. El precio del pollo al consumo se vio incrementado en los últimos meses en forma sistemática, y llegó a precios inalcanzables para muchos hogares.
Cuando actuó el Ministerio correspondiente (Mujica mediante), y lo nombro al «Pepe» porque fue protagonista principal, se acordó DE PALABRA, abastecer el mercado interno con un precio menor que alcanzaba el producto en ese momento, cediéndoles a los productores una quita del IVA por un tiempo determinado. ¿Qué ocurrió? La rebaja no fue la acordada, y además a los pocos días, con argumentos diversos, volvió el pollo al precio anterior del acuerdo.
Entonces allí sí, creo, actuó el ministro como correspondía. A su pedido autorizó el Poder Ejecutivo una exportación de pollos desde Brasil, que nos aseguraba un precio menor. Y qué ocurrió. Los productores inmediatamente se sintieron «molestos», pidieron una reunión con el ministro, y en pocas horas se logró destrabar el conflicto. Se va a entregar a los consumidores un pollo similar al que se iba a traer, y además a menor precio. Por ello digo más arriba que no se manejó la situación con firmeza desde un principio. Y queda demostrado que somos hijos del rigor. Por ello, entiendo la molestia del «Pepe» por este incidente, ya que confió en la buena fe de las personas a las que les estrechó la mano llegando a un acuerdo de palabra.
Con estos hechos que relato y que todos conocemos, queda demostrado que las corporaciones, cuando quieren, y piensan en sus ganancias solamente, pueden hacer tambalear el sistema, ya que producen con sus medidas hacer variar los números que el gobierno con tanto ahínco y perseverancia trata de enderezar y lograr las mejoras que nos merecemos los uruguayos. Además de insertar un ambiente de descreimiento y desprestigio de las autoridades, lo que no lleva a nada bueno. *
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