Unitarios y federales
En el año 1928 los productores agropecuarios uruguayos logran su mayor logro: liberarse parcialmente de la explotación del oligopolio frigorífico multinacional representado por Armour y Anglo. Durante décadas, este trust manipuló los precios de las haciendas, explotando a productores y consumidores locales.
Creado por ley el Frigorífico Nacional, para su rápida capitalización, así como para resguardo de la mayor masa de consumidores locales, se le adjudicó el monopolio del abasto cárnico capitalino. Una medida semejante a la que permitiera la capitalización de nuestra principal industria láctea, Conaprole.
De esta forma, los consumidores locales pronto vieron las ventajas de una gama de productos de alta calidad en chacinado y conservas de todo tipo, desde patés a dulces. La granja tuvo un comprador de confianza que sostenía los precios del mercado. El productor de hacienda tenía un comprador que no dependía de las fluctuaciones del mercado internacional. El consumidor,
productos de calidad. ¡Todos ganaban! En el año 1969, gobierno colorado de Pacheco Areco, paraliza primero al Frigorífico Nacional impidiéndole comprar hacienda durante meses, para ambientar, con la prensa caganchera, una campaña que justificara su cierre por deficitario.
Se mantuvo durante meses el espectáculo de un frigorífico de tres mil operarios ociosos por falta de hacienda para procesar… sus costosas instalaciones
fueron «vendidas», en pequeñas cuotas, a una seudocooperativa de amigotes. Los empleados, redistribuidos como peso muerto dentro del Estado o jubilados.
Esta cooperativa de insolventes nunca cumplió sus compromisos.
La comisión liquidadora de los bienes del Frigonal, que no sólo eran sus instalaciones
industriales, había marcas registradas de afamados productos, terminó ganando en los tribunales de Justicia, en 1985, el pleito con los presuntos compradores.
Es ahí que entra la mano santa del presidente Sanguinetti, obligando a la Comisión Administradora de los bienes del Frigonal a retirar del juzgado las reclamaciones, para luego disolverla por decreto administrativo. ¡El latrocinio contra los bienes públicos quedaba definitivamente consumado! Corrían los años 90, Lacalle Presidente. El Presidente visitaba Inglaterra para, entre otras importantes gestiones, recibir en nombre de los consumidores
orientales, el agradecimiento de la multinacional del whisky, Seagram, que nos hacía el honor de distinguirnos como sus mayores clientes en proporción a nuestro tamaño.
Seagram es la Coke de los alcoholes, comercializa la mayoría de los nombres de fantasía con que se envasan destilados de malta en el mundo entero. El Presidente fue distraído de estos importantes menesteres, debiendo retornar a sofocar un motín de la hermandad del Cóndor, cuando sus oficiales de confianza fueron descubiertos en el operativo de secuestro de Berríos.
Pero crímenes y «aguas escocesas» aparte, la vida continuó. Ancap tenía una pequeña planta de maltas en colonia La Paz, sobre el arroyo Rosario.
Con ella se hacían genuinos whiskies y rones que se estacionaban en auténticos cascos de roble.
Esta planta de maltas había provisto a la Argentina en los
años que siguieron a la guerra de Malvinas, en que el comercio con Inglaterra estuvo cortado, por ser la única del continente fuera del control del pulpo multinacional. Sea como sea, la planta fue súbitamente desguazada, sus cascos de roble regalados a los vecinos y Ancap se convirtió en importador de maltas inglesas.
Y la división de alcoholes convertida en S.A. Pero la historia no termina aquí. La destrucción del patrimonio nacional que comenzara con el crimen del Frigonal, se repetiría en el ingenio El Espinillar, el cual sería «vendido» a un 10% de su valor, a un irresponsable que desmanteló las instalaciones para poner un ingenio en Paraguay. ¿Pagar, para qué? Así pues los monstruos han manejado el patrimonio de los orientales, no «vendiéndolos al bajo precio de la necesidad», que no tenían, sino de la ambición de su entorno corrupto. Los monstruos, celosos defensores de la propiedad privada, propia y de los amigos, son generosos con los bienes públicos, ni siquiera venden, ¡regalan! ¡ Amigos de lo ajeno y enemigos de los público! Ahora que el pueblo oriental ha recuperado su soberanía, su autoestima, y comienza a revalorizar su patrimonio, surge un caudillo entre los monstruos, se levanta entre los muertos, para proclamar el Partido Rosa.
Y bien por el doctor, que sin ser médico, ha hecho la saludable propuesta partidaria de convocar a la unidad de los unitarios, en aras de su radicalización.
¡Debemos reconocer, no es una propuesta para timoratos! Tras dos siglos de confusión, de metástasis liberal en todos los partidos, la gran patria americana se recompone. La antigua fisura nunca pudo disimularse, en el fondo la lucha siempre fue
entre los agentes del comercio internacional, testaferros de todos los imperios, y los pueblos y sus fieles caudillos. Unitarios con unitarios y federales con federales. *
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