Nunca más 12 de octubre

Aunque pasó casi inadvertido para la prensa, Montevideo fue escenario de un trascendente evento a nivel mundial hace pocos días: la Conferencia General de la Coalición de Ciudades Latinoamericanas y Caribeñas contra el Racismo, la Discriminación y la Xenofobia impulsada por Unesco y la IMM. Se instituyó el Comité Ejecutivo formado por ocho ciudades entre ellas nuestra capital, se votaron estatutos, se integraron organizaciones, hubo foros de expertos, se reafirmaron los Diez Puntos del Plan de Acción, y se eligió a Montevideo como capital Iberoamericana de dicha Coalición. Todo un acontecimiento con presencia de alcaldes y autoridades municipales de diversos países de Latinoamérica y el Caribe.

Simplemente saludar la idea surgida en Europa y prohijada aquí por la sensibilidad e intelecto de nuestro intendente Dr. Ricardo Ehrlich, uniendo la comuna capitalina a esta Coalición de Ciudades que existe y crece a nivel internacional.

Un agradecimiento especial a los visitantes extranjeros y el deseo pujante de realidad para los enunciados acordados y refrendados ya que puentes se han tendido y caminos trazado. Resta comenzar a transitarlos para llegar a tocar esos anhelados abstractos en espera de materialización. «Poderoso caballero», para eso se precisan dineros que deberán provenir de organismos de cooperación que se sientan llamados a esta causa común para la cual toda lucha es poca, sufrimiento universal agudizado en los países subdesarrollados que padecemos el racismo y la discriminación fatalmente transversalizados por la pobreza, elemento de marginalización por excelencia. Tema este de las exclusiones muy junto a los Objetivos del Milenio como si tuviera poca profundidad por sí solo.

Sintoniza esto con los prolegómenos del Día del Patrimonio nacional dedicado a las tradiciones de los descendientes del Africa, como para preparar el clima del próximo 11 de octubre, festejo de las tribus locales y de muchos países latinoamericanos, reivindicando el último Día de la Resistencia Indígena antes de la sanguinaria conquista europea.

En lo que nos concierne, resaltamos en el encuentro la pujante presencia de la religiosidad de las poblaciones originarias en las sociedades contemporáneas latinoamericanas y caribeñas manifestada en sus diferentes rituales: Santería, Vudú, Candomblé, Umbanda, culto a María Lionza, Regla de Ocha, Batuque, Tambor de Mina, Kimbanda, Chamanismo, etc. Que no son brujería sino veneración a los ancestros y a la naturaleza. En Uruguay nos ha tocado sensibilizar a los propios, reivindicando la importancia de la religión como parte esencial de la cultura africana e indígena, medrada estratégicamente por el colonizador debido a su poder de cohesión por excelencia. Aunque no pudieron matar por completo la simiente, los obligaron a abandonar a sus dioses, entonces los ancianos olvidaron y en consecuencia, los jóvenes no fueron enseñados en sus creencias nativas sino en la fe de los colectivos dominantes. Allí se pierde el eslabón que se encuentra dentro del rito.

Nos interesa ayudar a desmistificar, comprender y revalorizar la cultura religiosa afroindígena, baluarte de afirmación en la diáspora y referente ético de total vigencia no solo para las etnias primigenias sino como parte del ser uruguayos.

El llamado es a recuperar la memoria espiritual ancestral como bastión de resistencia e identidad frente a los valores hegemónicos impuestos desde los centros de poder. El esclavo africano aborigen se valió de sus Espíritus y Orixás para trascender la tragedia del avasallamiento, perpetuando su existencia y enriqueciendo nuestra diversidad.

Dijo Michelle Mc Elwaine investigador yoruba en México: «El poder colonial sabía bien que si la gente era capaz de mantener el lenguaje y la religión, sus mentes no podrían ser controladas. La lengua y la religión son las dos piernas que mantienen a una persona en pie».

No somos un fenómeno ni un mero folclore, somos parte de esta hermosa República Oriental del Río Uruguay. La colonización nos sigue amenazando actualmente con el poderío ideológico y económico; y es imperioso fortalecer las culturas autóctonas para enfrentar la globalización. Si no aquilatamos y promovemos nuestra idiosincrasia y diversidad cultural, seremos una y mil veces sometidos a la depredación de las ideas y costumbres. *

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