Anestesistas, "los dioses de túnicas blancas"

No puedo creer, ni aceptar, la lucha emprendida por los médicos anestesistas, aquellos que Alvin Tofler los llama: «dioses de túnicas blancas». Me rebela a gritos la pregunta ¿por qué no reclamaban de esta forma a otros gobiernos anteriores a este? No estoy haciendo una defensa al Poder Ejecutivo, aunque de hecho lo hago, sólo me pregunto ¿por qué ahora?

No soy sordo a sus necesidades y que sus sueldos no están acordes a lo ideal, pero estamos en Uruguay, con un proceso que todos sabemos su historia y los límites que como país tenemos, el gremio de los anestesistas se pasó de la frontera, y la ministra no tiene opciones ni condiciones, casi, para mayores concesiones.

Quizás lo que pueda estar en juego es la estrategia corporativa futura con respecto a la nueva «reforma de la salud», en la cual los intereses sectoriales ya se pusieron en juego. El Ejecutivo comenzó a realizar algunos cambios sociales de magnitud y claro, los poderes afectados comienzan a sensibilizarse y defender su posición actual y de futuro. Estos cambios sociales son elementales y justos, aunque se deberá implementarlos muy bien, antes de lanzarlos, para no caer en errores puntuales, como el impuesto lanzado recientemente por el Ministerio de Economía, que partiendo de una base teórica justa, contiene algunos exabruptos que debemos reconocer, que ha quedado la necesidad de algunos ajustes al mismo.

Como en todo análisis dialéctico, encontramos contradicciones, los planes de justicia social son parte de una profunda postura que la izquierda siempre sostuvo. Pero la misma debe ser sostenida por reformas de infraestructura; puesto que si avanzamos en profundizar con los beneficios sociales, sin hacer funcionar chimeneas, sin avanzar en industrias de alta tecnología a niveles masivos, este país corre el riesgo de polarizarse y que sea difícil de sostener incluso lo avanzado, como ejemplo tenemos: desde la Caja Notarial, la Bancaria, etc.

Lo correcto se está realizando y planificando en las áreas sociales, pero, lo insuficiente, radica en que la industria no cuenta con barreras, como en el agro, que de paso seguimos recibiendo para el mismo inversiones extranjeras donde se incrementa la compra de tierras (25% de las mismas son propiedad de extranjeros), el 40% de los frigoríficos está en manos brasileras; todo para desarrollar productos primarios, los cuales no tienen casi mano de obra nacional. Me pregunto ¿y el Uruguay productivo?

Debemos tomar conciencia de que los cambios a realizarse en lo social sólo serán sostenibles y continuos con una dirección económica que permita el desarrollo sustentado del parque industrial, creando barreras y condiciones para el mismo; conociendo conjuntamente que lo tecnocientífico es una estrategia y una visión inmediata y de futuro. Sin embargo, por nuestras aduanas siguen entrando productos manufacturados en tal volumen que hicieron desaparecer casi lo que restaba de las industrias (con excepciones).

Este desafío pasa por tener la voluntad y valentía política para el cambio. Puesto que para ello hay que modificar algunas exigencias internacionales, romper la división que la O. M. de Comercio nos quiere limitar a ser países productores de materias primas, con el aval del FMI.

Hoy África supera a nuestro continente en el crecimiento de la tasa del PBI y los países latinoamericanos que rompieron con las leyes del FMI están desarrollándose con inmensa mejor perspectiva que nuestro país o Brasil.

La polarización social, tal como aparece en el libro conservador «Cuentos chinos» de Andrés Oppenheimer, es cierta, se desarrolla con la izquierda en el poder. Aunque el índice de pobreza baja, la polarización social aumenta.

No precisamos ni reforma agraria ni dudar de la propiedad privada, por el contrario, debemos desarrollar el sector nacional de pequeña y mediana empresa, hacer una política por la que la concentración de las cadenas de distribución no se siga incrementando, alentando a los pequeños empresarios y revirtiendo la situación semimonopólica; de esta forma nuestros cambios sociales serán sostenibles y el país más viable. A los de «túnica blanca» diría cierra la muralla, a los continuadores de la política económica neoliberal (en lo estructural) cierra la muralla, a los radicales, también, cierra la muralla, pero al cambio necesario y equilibrado, «abre esa muralla», abrámosla. *

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