El marxismo: la alienación

Aspecto esencial y poco conocido del materialismo dialéctico es su teoría de la alienación, que analiza las relaciones entre «lo humano» y «lo inhumano». Por «lo humano» se entiende el conocimiento, la razón, la amistad, el amor, la dignidad. «Lo inhumano» designa a la injusticia, la opresión, la violencia, el sufrimiento. Pero la relación entre ambos ha sido interpretada de modo diferente. Por ejemplo, para Platón la materia y la vida son «lo otro» de la Idea, del Conocimiento, es decir, lo negativo. En el cristianismo todo, incluso » lo humano», está manchado por el pecado original. Para el materialismo dialéctico «lo humano» es indisociable de «lo inhumano» ya que el bien y el mal, lo bello y lo feo, son aspectos de la misma realidad. Y sólo la superación del conflicto en términos históricos, potenciará lo positivo y debilitará lo negativo.

El marxismo desarrolla que en el sistema capitalista los que tienen un puesto de trabajo sienten, en su inmensa mayoría, que el suyo es un trabajo penoso, en el que se mortifica el cuerpo y arruina la mente, para satisfacer necesidades extrañas a ellos. Por ende, el trabajo no es voluntario, sino forzado, lo que explica que huyan de él en cuanto cesa o escapen de la coacción a la que se les somete. Es forzado porque no es hecho por el individuo con satisfacción para sí, sino que su esfuerzo pertenece a otro. De esa forma, para la gran mayoría la vida transcurre sin sentido, tolerable en el mejor de los casos, y en el peor, convertida en tormento. El trabajador siente que se le castra la destreza, se le fuerza a la disciplina para extraer mayor plusvalía y que, cuanto más se automatice su labor, antes se le sustituirá por los peor remunerados, que hoy son inmigrantes, mujeres o niños. La intensidad del trabajo también degrada y desprecia la vida. «Tiempos Modernos», célebre sátira de Charles Chaplin, muestra esta realidad.

La burguesía se aferra al más grosero materialismo, en el sentido vulgar y no filosófico. La búsqueda del lucro es el sentido de su vida y para conseguirlo recurre a la mentira, la estafa, la corrupción, el servilismo. La sociedad que domina se convierte en selva, donde «el hombre es lobo del hombre» –según la expresión de Hobbes–, en la que cada uno se preocupa tan sólo de sí.

Cuando el ser humano no es capaz de elevarse hacia la búsqueda de alguna perfección, cuando la vida es monótona, rutinaria, es lógico que vastos sectores, fundamentalmente pertenecientes a las clases explotadas y oprimidas, busquen salir de la bestialidad, mediante estímulos también alienantes: el tabaco, el juego, la droga, el alcohol, la compra o venta de la relación sexual, la irracionalidad religiosa. Todo vale para escapar de una vida vacía, viviendo la de otros como en ciertos programas de televisión y páginas de sociales.

La alienación es teórica y práctica. Teórica ya que la metafísica, la religión y la moral derivada de ellas, alejan al hombre de sus verdaderos problemas. Práctica, porque además de la enajenación del trabajo, toda su vida social se disocia y deforma por la explotación de unas clases sobre otras. El trabajador constata que hasta sus hijos son objetos de uso para los patrones, y que no posee derecho a la cultura, a la educación, a la salud. Con la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, el dominio del hombre sobre la naturaleza se transforma en exclusivo provecho de pocos. El dinero es amo y señor, y la acumulación de capital en escasos individuos y en pocas naciones se convierte en des-acumulación y empobrecimiento para las mayorías sociales y para el grueso de las naciones.

Creaciones del hombre como la mercancía, el dinero o el poder estatal, alcanzan una existencia propia e independiente a él. Hasta sus propias ideas le parecen de otros, fruto de espíritus o de dioses, que se transforman en fetiches a idolatrar, vivos y reales en tanto le dominan. El ser humano deberá separarse de ese «otro» dominante, incluyendo la alienación consumista que el capitalismo genera.

El conflicto se resolverá mediante la destrucción de los fetiches y la superación de la alienación, merced a la recuperación de la conciencia de su propio poderío, lo que requiere de la Revolución Socialista. Entonces, el trabajo como goce creativo, raro en el capitalismo, se generalizará. *

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