La justicia de Túpac Amaru cayó sobre Alberto Fujimori
L as justicias de Perú y Chile dieron un ejemplo. En un caso sin precedentes, por primera vez un tribunal ordena la extradición de un ex jefe de Estado a su país para ser condenado por sus crímenes.
Con el ex presidente peruano, Alberto Fujimori, y quien fue su jefe de inteligencia, Vladimiro Montesinos, ahora en prisión, esa nación latinoamericana intentará iniciar una nueva era, y dejar atrás una guerra interna que se saldó con 70.000 muertos.
El regreso del extraditado Fujimori a una cárcel en Lima para ser juzgado lo pone en igual situación junto a su ex asesor Montesinos y al general Nicolás Hermoza, con quienes formó un tenebroso triunvirato que gobernó con mano dura a Perú. Su retorno crea una situación paradójica, en que los tres personajes que ejercieron en la práctica un régimen cívico-militar, autoritario y dictatorial en la década pasada, estarán tras las rejas en distintas prisiones de la capital peruana.
La Segunda Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de Chile concedió la extradición de Fujimori por siete de los 13 casos presentados. Dos por violaciones a los Derechos Humanos y cinco por corrupción.
Se lo responsabiliza por la masacre cometida el 3 de noviembre de 1991 en Barrios Altos por un grupo de seguridad del gobierno contra 15 personas, y de la matanza del 18 de julio de 1992 en la Universidad de La Cantuta, que terminó con la vida de nueve estudiantes y un profesor. Todas las víctimas eran acusadas de integrar supuestamente la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso.
En el caso de los llamados «congresistas tránsfugas», la extradición de Fujimori, también por unanimidad, se concedió para juzgarlo por ordenar pagos ilegales a varios legisladores e inducirlos a integrarse al partido de gobierno.
En los otros cuatro casos de corrupción, el tribunal consideró por mayoría que había méritos para extraditar al ex mandatario. Se trata de los conocidos como «Allanamiento», «Interceptación telefónica», «Medios de comunicación», y «Quince millones».
La Corte ratificó también la sentencia en los capítulos «Faisal-Aprodev», «Medicinas Chinas», «Desviación de fondos», «Decretos de Urgencia», «Tractores Chinos» y «Ampliación por Desaparición Forzada».
Pero el «chino» Fujimori, en medio de una convicción generalizada de que ha sido extraditado un delincuente y no una persona honorable sobre quien pesa una persecución política, no pagará sólo para beneplácito de los demócratas.
Actualmente, Montesinos, el ex hombre fuerte del fujimorismo, está confinado en una pequeña celda de una base naval, para bien de los peruanos.
La eminencia gris del régimen de Fujimori, conocido como el ‘Rasputín de los Andes’, cumple condena de veinte años en una fortificada base naval al oeste de Lima. Esa condena, por delito de tráfico de armas, es la mayor que tiene hasta el momento de un conjunto de más de medio centenar de procesos actualmente en marcha.
Montesinos, a quien se le llamaba el «hermano siamés» de Fujimori, tejió una vasta organización criminal con un poder omnímodo que ejerció desde el servicio de Inteligencia Nacional y que manejó las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial y que corrompió a dueños de medios de comunicación, entre otros delitos.
El general Nicolás Hermoza, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, cumple desde 2005 una condena de ocho años por delitos de asociación ilícita para delinquir, peculado y enriquecimiento ilícito en la prisión para reos primarios de San Jorge, en el centro de Lima.
El general retirado saltó al primer plano en 1992 cuando respaldó el autogolpe del presidente Fujimori por el cual se disolvió el Congreso que controlaba la oposición. Hermoza sacó los tanques a las calles en respaldo a Fujimori.
Los tres mosqueteros, del delito, deberán pagar sus fechorías. La justicia tarda, pero siempre llega, al menos en el Perú del rebelde indígena Túpac Amaru. *
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