La clase de ética

Cuando era estudiante de filosofía tuve un profesor de ética, Hugo Angozzi (jesuita, argentino), que nos decía que la ética se estudia analizando casos de vida y que los libros eran después ejemplificaciones o explicitaciones.

Nos traía recortes de diarios o casos de vida y nos pedía que hiciéramos lo mismo. Así, en aquel grupo de unos cuarenta jóvenes reunimos un interesante material que socializamos y analizamos. Luego cada uno debía analizar los casos que eligiera.

Allí surgió para nosotros nuestro propio texto de Etica. Lo encuadernamos y nos sirvió de referencia para ese semestre de análisis de la realidad de la problemática ética. El semestre siguiente lo dedicamos a encontrar las reflexiones de los filósofos que durante 2.300 años antes habían escrito sobre estos asuntos que nosotros teníamos ya encarpetados.

Mi compañero de clase Oscar Krütli (hoy director de una escuela rural en la campaña cordobesa) decía que debíamos «hacer el ejercicio de encultecernos», pues hablar de ética y no citar a San Agustín, Kant o Max Scheller sino a Doña María, Pedro o el lechero no vestía. Tenía razón y agregaba: «La cultura es lo que queda cuando uno se olvida de todo lo que estudió en la facultad».

El domingo pasado estaba almorzando en el restaurante de Calvette en Playa Verde (Piriápolis). Llegaron dos familias de turistas argentinos y Mirta la dueña-cocinera apareció con una cámara fotográfica que entregó a uno de los recién llegados. Este dio un profundo gracias y levantó la cámara en alto diciendo a los concurrentes del restaurante de campaña: ¡Esto es seriedad de la casa y honradez!

El señor hacía un año había extraviado su hermosa, costosa y moderna cámara fotográfica; ahora la recuperaba. Los hijos se abalanzaron y abrieron el vistoso estuche de cuero y se disputaban para sacar fotos a todo lo que se interponía al objetivo.

Después pensé ¡qué avaros fuimos los parroquianos que no aplaudimos semejante acción! Así somos los uruguayos.

Kant nos diría que eso no era necesario, que la recompensa de hacer el bien es la misma acción de hacerlo y allí está la gratificación. En la ética del deber kantiano la cosa es clara, pero…(en la realidad cotidiana, cuando debemos optar por uno u otro valor, por una u otra opción la toma de decisiones se complejiza). Para estar preparados ante la complejidad, como forma de aprendizaje cotidiano de la ética sería bueno que los niños y adolescentes hicieran sus carpetas con los hechos más significativos que aparecen en la prensa: recortando aquellos renglones del diario, recordando breves comentarios de acciones sucedidas o escribiendo las cosas que a ellos mismos les suceden e intentaran analizarlas y criticarlas éticamente. Cada uno, en su nivel de desarrollo y posibilidades.

Si a alguno, luego, le interesan las teorías le será fácil encontrarlas. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje