Compañero Luis Presno

En la mañana del día sábado 8 de setiembre próximo pasado falleció el compañero Luis Presno. Este desenlace, si bien previsible porque Luis estaba muy enfermo, nos tomó de sorpresa y naturalmente nos llenó a todos los que nos sentíamos sus amigos, de tristeza y congoja.

Muchos éramos quienes cultivábamos su amistad aún proviniendo de muy diferentes ámbitos. Todos cada uno a su manera, le hemos rendido su homenaje. A sus hijos e hijas desde la distancia física o etaria, trasmito mis más sinceras condolencias.

No tengo dudas que lo tendrá presente en forma permanente su vieja y querida guardia anarquista con la que mantuvo, a lo largo de toda su vida, una continua relación. Luis hablaba con profundo respeto de ese mundo de luchadores sociales, que le perdonaban todo por haber dicho presente en las situaciones más difíciles. Su prestigio había sido construido a lo largo de los años por ser solidario sin preguntas ni averiguaciones y no medir riesgos personales.

También lo recordarán en forma entrañable sus amigos políticos y personales de la Resistencia Obrera Estudiantil primero, y luego del Partido por la Victoria del Pueblo. En estas organizaciones populares asumió muchas responsabilidades y compromisos. Pero también supo dar pasos al costado cuando entendió que nada debía entorpecer la resistencia a la dictadura ni perturbar la lucha por la aparición de sus compañeros desaparecidos.

Toda la gente del Nuevo Espacio a quien le dedicó su tiempo de militancia desde su desexilio, lo extrañará en la labor cotidiana de la acción política. En estos fermentales momentos de consolidar el gobierno, profundizar los cambios y no perder el rumbo, su análisis inteligente, la crítica certera como la confianza desinteresada en sus compañeros de ruta, nos harán ciertamente mucha falta.

El equipo de la subsecretaría y muchos otros del Ministerio de Educación y Cultura encuentran un vacío por la ausencia de este señor, con papel de abuelo ilustrado, que tanta paciencia dedicaba para enseñar conceptos que él consideraba simplemente, elementales. También en el Instituto de Solidaridad y Desarrollo ­Isode­ en las librerías o en los comercios de barrio como en los cafés, había construido afectos entrañables.

Luis no se dedicaba sólo a la acción política, la cual reflejaba en su pluma cultivada de muchas noches en vela. Era un caballero andante y bohemio. El gustaba y disfrutaba tanto del ensayo literario como de la ciencia política, de la literatura clásica y de la poesía, de la buena música, del fútbol bien jugado, de la gastronomía de calidad y del buen vestir. Pero su característica principal era poseer esa virtud que no puede comprarse en el mercado, hacerse querer y al mismo tiempo ser leal y cuidar de sus numerosos amigos. Y si algo se recriminaba era no haber podido ayudar a Gerardo, a Elena, a León, a Nicolás; a quienes recordaba permanentemente.

Así transcurrió por la vida. Sin dar ni pedir tregua en las responsabilidades que asumió. Más temprano de lo que hubiéramos querido, se nos fue Luis. Allí dónde flameen las banderas rojas y negras, el símbolo que abrazó desde su juventud, su santo y seña de rebeldía contra la injusticia, allí encontraremos siempre al «pelado» Presno. Así queremos recordarlo. *

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