Congreso del Pueblo: antecedentes y perspectivas

Cuarenta y dos años después de que tuviera lugar por primera vez una instancia de análisis, reflexión y propuestas, vuelve a reunirse el Congreso del Pueblo en circunstancias por cierto muy diferentes de aquellas de 1965.

Recordemos que a mediados de los sesenta, la crisis que había empezado a manifestarse hacia fines de la década anterior se había profundizado de manera inexorable. Entre las múltiples respuestas a esa situación que el segundo gobierno blanco del siglo pasado se mostraba incapaz de resolver, esa reunión de gentes diversas, que respondían a ideologías diversas y representaban a grupos de actividades diversas fue una expresión contundente, sólida y seria de rechazo a la situación y a las medidas con que el gobierno pretendía paliar la crisis. Pero no fue solamente una expresión de protesta, de denuncia y de rechazo a la política errática del Ejecutivo Colegiado, sino que por vez primera se expusieron públicamente soluciones a la crisis; un paquete de soluciones que en definitiva serían más tarde la base del programa de gobierno que el Frente Amplio ofrecería al electorado.

Hasta entonces, las respuestas a la crisis habían consistido en una particularmente fuerte agitación social con manifestaciones callejeras violentamente reprimidas por las fuerzas policiales, huelgas, paros, conflictos sindicales y un descontento generalizado; vale la pena poner como ejemplo la despiadada represión contra los obreros del Cerro. El crac bancario de 1965 había desnudado, a la vez que las falencias del sistema financiero, los ilícitos económicos que escandalizaron y atemorizaron a la población.

Desde el punto de vista político, digamos que en 1962 comenzaron a esbozarse los primeros intentos de unidad de las fuerzas políticas opositoras con la creación de la Unión Popular y el Fidel. Pero el magro resultado electoral obtenido en las elecciones de 1962 (resultado que se repetiría en las de 1966) promovió, por un lado, la opción por la acción directa de parte de algunos grupos y, por el otro, un proceso unitario del movimiento sindical que desembocaría poco después en la fundación de la primera central única, la CNT, al tiempo que una participación cada vez más activa de organizaciones sociales.

Precisamente, el Congreso del Pueblo fue la manera lúcida de canalizar el descontento al reunir por vez primera a trabajadores, estudiantes, pequeños productores, profesionales, cooperativas, etcétera. Dicen Nahum, Cocchi, Marona y Trochón (El fin del Uruguay liberal; EBO): «En el programa elaborado se integraron los objetivos reivindicativos inmediatos (salarios, jubilaciones, vivienda, salud y educación) con la propuesta de transformaciones estructurales tales como reforma agraria, reactivación de la industria, reforma agraria, nacionalización de los frigoríficos, de la banca y del comercio exterior, desarrollo de una flota mercante nacional, reforma del sistema impositivo y la defensa y desarrollo de los entes comerciales e industriales del Estado».

Como queda dicho al comienzo, la coyuntura actual difiere sustancialmente de aquella en que tuvo lugar el primer Congreso del Pueblo. En primer lugar, porque la izquierda política tiene un peso infinitamente mayor que entonces (como que es la fuerza gobernante) y, por tanto, no existe el mismo espíritu combativo de entonces. Y luego, porque la realidad mundial es muy otra que la de la guerra fría y porque la revolución ya no está a la vuelta de la esquina.

Este segundo Congreso del Pueblo tiene, no obstante, un antecedente bastante reciente: la convergencia de trabajadores, productores rurales y otras organizaciones sociales en instancias de unidad contra la política económica del gobierno anterior. Y de alguna manera es la instancia de expresión de una izquierda crítica, que no está contra el gobierno pero que le reclama medidas más profundas para avanzar hacia la justicia social. *

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