Los vascos
En Durango explotó otra bomba. Nuevamente recomienzan las luchas bélicas en el contencioso vasco-español. Es lamentable por las consecuencias obvias, particularmente las inmediatas, con heridos y futuros muertos predecibles de ambos bandos. Nadie con sentido común puede estar de acuerdo en guerras y conflagraciones, pero también es cierto que nadie con el mismo sentido común, puede estar de acuerdo con los hechos que como consecuencias traen aparejados estos conflictos bélicos libertarios. Es por supuesto muy difícil para nosotros, con un océano de por medio y sin sufrir durante cerca de 200 años luchas justas de independencias nacionales, que también fueron guerras y también produjeron excesos en aras de la libertad de la Patria, tanto de godos contra orientales como de orientales con godos, después de tanto tiempo, comprender este enfrentamiento cada vez más sangriento en el País Vasco. Tampoco nadie quiere la «desaparición» de España. Pero lo que sí debe entenderse, es que los vascos desde épocas pretéritas, reino de Fernando e Isabel que los sometieron a sangre y fuego, no quieren ser españoles ni tampoco «gavachos» o sea franceses. Fueron libres durante miles de años. A título de ejemplo recuérdense los reinos de Navarra o el de los Sanchos (el menor y el mayor) alrededor de los años 1000, sin perjuicio de perderse en la nebulosa de los tiempos cuando sus jefes tribales bajaban en torno al árbol de Gernika a legislarse libérrimamente. Nada los une y toda una milenaria historia los separa de los monstruos imperiales vecinos. A ninguno de sus detractores, por supuesto interesadamente, le llama la atención de que pertinazmente un pueblo chico, durante 400 años con breves intermitencias, después de ser masacrados por los imperios, vuelve con toda dignidad y coraje a levantarse en armas, siempre por lo mismo. ¿Cuántas veces más el pueblo vasco debe clamar y desangrarse por la libertad que legítimamente reclama? Ya hubo guerras tanto o más peores que las que puede hacer actualmente la ETA. Las guerras carlistas desde Zumalacarregui hasta la del cura Sta. Cruz, sin olvidar las de los isabelinos contra los Zuletinos por citar las más notorias, se han repetido con constancia y respetuosa terquedad por un pueblo que no acepta «botas» extranjeras! Se justifican y se explican por la prensa y hasta por la clase política las intervenciones en la torturada Irak o en la arrasada palestina cuyo fin es el de quedarse con sus petróleos. Por supuesto que nadie puede defender a Saddam Hussein. Pero no podía la USA demoler en una guerra aniquilante ciudades milenarias como Bagdad o Basora, etc., para juzgarlo y ejecutarlo. Eso le correspondía sólo a los iraquíes y a nadie más juzgarlo libremente y no por tribunales «dedocráticos». Y mucho menos, lo que le hicieron al gran Yasser Arafat, apoyado hasta la propia muerte desde el primer hasta el último hermano palestino. Son los pueblos, que al igual que el vasco luchan por sus libertades, independencias y soberanías. Y por supuesto, ser dueños de sus destinos y sus riquezas naturales. El pueblo vasco es el que tiene el índice más alto de vida en toda la Península Ibérica e incluso de Europa; y son datos oficiales aunque parezca raro. No es exageración. Demuestran con trabajo, talento y sacrificio, que no es un problema conseguir la prosperidad el de tener pequeño tamaño territorial o no poseer grandes riquezas naturales y también bélicas para depredárselas a los demás, dominando el mundo y adueñándose de las economías banqueras de Wall Street, ahogando fiduciariamente las finanzas mundiales. Es sí, un problema de buena administración y trabajo con que los vascos han logrado esa situación de bonanza y prosperidad económica. No obstante, siguen con constancia en sus luchas libertarias. Con esa explicación, no estoy justificando el bombazo. Pero no habrá paz definitiva en la zona, mientras Euskadi no sea libre, soberana e independiente. Los argumentos sobre las globalizaciones, cada vez más discutidas y cuestionadas a nivel mundial como los argumentos en contra de las economías «inviables» por ser chicas (¡ojo! que nos «pega» demasiado cerca de nosotros…) no son de recibo y mucho menos para los eskaldunes que gozan de la prosperidad referida y que por cierto es opuesta a esa tesis. Los sentimientos nacionales son inevitables y aunque se les quieran negar a la larga brotan como hongos y terminan triunfando. A la Unión Soviética le pasó lo mismo. Nadie imaginaba que la Lituania o Estonia pudiesen liberarse por pequeñas y débiles de nada menos que de una potencia como Rusia que competía por el liderazgo mundial con los EE.UU. Sin embargo, hoy son libres. La historia, en sus grandes lineamientos, se repite. Los vascos serán libres y soberanos, más tarde o temprano. Posiblemente, yo no alcance a verlo por falta natural de tiempo vital. pero espero que el Patrón de Arriba, que es flor de «Tipo», me preste unos prismáticos para vichar entre las nubes flamear una Ikurriña libre y soberana en los picos Pirenaicos para esos días. ¡Gora Euskadi Askatuta! ¡Agur! *
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