El descontento social y las alternativas al fundamentalismo neoliberal

Luego de la restauración democrática y cuando el líder histórico y fundador del MLN Raúl Sendic fue liberado, una de sus primeras propuestas fue la creación de lo que él llamó un «frente grande» que nucleara a todas las tendencias progresistas enfrentadas al continuismo.

Tal iniciativa apuntaba precisamente a «agrandar» el Frente Amplio incorporando sectores que hasta entonces habían militado en filas ajenas a la coalición de izquierda. Se trataba de hacer crecer la opción progresista opuesta a la dictadura no solamente en cuanto ésta había pisoteado las instituciones, sino también en lo que refiere a su política económica y al modelo de país que se propuso montar.

Ya en 1984 –e independientemente de las conversaciones que tuvieron lugar en la Conapro y que luego fueron perfectamente olvidadas por los partidos tradicionales en el gobierno– se advertía claramente que el país estaba dividido entre el continuismo económico social encarnado por los sectores conservadores de los Partidos Colorado y Nacional y quienes reclamaban un cambio de rumbo vigoroso que propendiera no sólo al restablecimiento de la institucionalidad democrática sino, además, a una política económica de corte nacional capaz de defender los intereses uruguayos y de fortalecer el aparato productivo. Parece obvio recordar que en esta última posición se encontraban –además del Frente Amplio– la mayoría del Partido Nacional liderado por Wilson Ferreira y sectores colorados progresistas de cuño batllista como los grupos de Flores Silva y Vaillant.

Para las elecciones de 1989 el panorama se había modificado sustancialmente. Desaparecido Wilson Ferreira, la formidable corriente progresista nucleada alrededor de su liderazgo fue perdiendo peso para dar lugar al lacallismo como sector predominante en la interna nacionalista. En el ámbito de la izquierda, a pesar de la escisión del PGP y de no haber recibido incorporaciones de peso, las fuerzas progresistas registraron un leve crecimiento y obtuvieron la mayoría relativa en la capital.

Cinco años más tarde, ya se había producido el acuerdo para conformar el Encuentro Progresista, un frente ensanchado con la incorporación de sectores nacionalistas –entre los que se destaca el de Rodolfo Nin Novoa– y el retorno del PDC. El hecho significó para la izquierda un crecimiento del orden del 50 % y la llevó a una paridad con los dos partidos tradicionales al dividirse el electorado en tercios.

Ese resultado ya estaba indicando que un número considerable de electores había abandonado los partidos tradicionales para volcarse hacia la opción de izquierda. De hecho, puede decirse que había nacido el «frente grande» que Sendic reclamaba. Desde entonces, contando con más incorporaciones provenientes de los lemas tradicionales (notoriamente batllistas y wilsonistas), pero sobre todo con una ciudadanía desconforme con la gestión de la coalición blanquicolorada, ese frente grande siguió creciendo, aunque no lo suficiente como para triunfar en el balotaje.

También es preciso apuntar que el éxito electoral de la izquierda se debe en parte a la «suavización» de su discurso que la llevó a ocupar el centro del espectro político. Este hecho ha sido motivo de no pocas controversias en el seno de la coalición de izquierda y es uno de los temas fundamentales que merecerá una especial atención en el tratamiento de la reformulación o aggiornamiento de la izquierda.

En este contexto, el senador Mujica ha reflotado la idea de Sendic proponiendo conformar un gran bloque que permita agrupar a todos los que se oponen al neoliberalismo y sus nefastos efectos sociales. Entendemos que se trata de una propuesta atendible por cuanto no apunta a incorporar nuevos grupos políticos a la coalición de izquierda: la idea tiene que ver con la posibilidad de canalizar el enorme descontento social que se verifica actualmente sin que ello signifique comprometer políticamente a ningún sector.

La propuesta se emparenta así con el reclamo lanzado desde organizaciones sociales –notoriamente Fucvam– en el sentido de conformar un gran frente social capaz de poner un freno al fundamentalismo neoliberal.

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