El marxismo y la religión

El marxismo es ateo, niega la existencia de dioses o de un dios único. A su vez, Marx ha expresado que la religión es el opio de los pueblos. ¿Qué significan dichas afirmaciones?

La religión es un producto de la fantasía, de la inspiración, basada en la creencia, en la fe, mientras que el materialismo dialéctico se basa en el conocimiento científico. La polémica entre un materialista y un creyente se paraliza en este inevitable intercambio. `¿No comprendes que alguien, un dios, tuvo que crear el mundo?, argumenta el creyente. `¿Y quién hizo a dios?’, interroga el materialista. `Pues Dios es Dios y se crea a sí mismo’.` Y yo te digo que la materia es la materia y se crea a sí misma’. Sólo que es demostrable la existencia de la materia y no lo es la de dios.

Una profunda diferencia de método separa a la religión de la ciencia. Ante fuerzas tales como la lluvia, el viento, el trueno, que atemorizan, los pueblos primitivos las imaginan como la acción de dioses y prueban acciones para congraciarse con ellos a fin de dominarlas: sacrificios, rogativas, regalos, etc. Las religiones interpretan fenómenos inexplicables, tanto las politeístas como las monoteístas. En éstas no se cambia la esencia de la explicación: un ser fantástico, que vive fuera y más allá del mundo, de poderes infinitos e incomprensibles, rige los fenómenos, sean naturales o sociales. Por consiguiente, un ser al que no se puede toca, ver, oír, etc., imperceptible para los sentidos, e incomprensible a la razón humana, paradójicamente vuelve inviable cualquier demostración de su inexistencia.

La ciencia, en cambio, estudia esos fenómenos naturales o sociales, compara, relaciona con otros. Después elabora leyes para explicarlos y la sociedad se apropiará de esos conocimientos.

La religión se explica, de una parte, por el estado de dependencia del ser humano frente a la naturaleza, y de otra, por la sensación de indefensión de los individuos ante fuerzas incomprensibles de la sociedad. ¿Por qué cree la burguesía en dios? se pregunta Paul Lafargue, en un célebre folleto.

Porque los vaivenes de las tasas de interés, las caídas de las bolsas de valores, las repentinas crisis del dios mercado, etc. le resultan tan incomprensibles como la lluvia o el trueno para los primitivos.

Pero el marxismo además, observa otros aspectos relacionados con la religión. Por de pronto, cuando los individuos sufren la ausencia de derechos y en ellos cunde la desesperanza y se resignan a no luchar contra las relaciones sociales de explotación y de opresión, esperando hallar la justicia en un más allá, el marxismo denuncia el rol negativo, de `opio de los pueblos’ que en tales casos cumple la religión. En una sociedad de clases, generalmente los privilegios de una clase se defienden propagando entre los oprimidos la resignación y la justificación del estado de cosas como fruto de los designios inescrutables de Dios. No obstante, la lucha ideológica contra la fe -elevada por encima de la ciencia- que libra el marxismo, de ningún modo, condena u ofende a los creyentes. Denuncia sí el rol adormecedor de conciencias, de sectas e iglesias que alienan, que esconden la realidad, en beneficio de los explotadores y opresores.

El marxismo a su vez se diferencia del racionalismo liberal, burgués, en el modo de combatir a la religión. Mientras para éste, la cuestión es de educación, de iluminar las conciencias contra el oscurantismo religioso, el marxismo considera que la educación es tan sólo un aspecto del combate. Estima que los seres humanos no precisarán de la religión, recién después que modifiquen las relaciones económico-sociales, de modo que los vínculos entre los seres humanos y entre éstos y la naturaleza sean armoniosos. Así como un hambriento razona mal frente a cualquier alimento a su alcance, el desesperado está en pésimas condiciones de reflexionar mientras perduren las condiciones que motivan su desesperanza.

Entretanto, marxistas y creyentes deben mancomunar esfuerzos por modificaciones concretas, acordando en valores compartidos con los que pueden defender la justicia en ese mundo. En ese sentido, es ancho el campo de coincidencias con los cristianos. *

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