Una paliza de órdago
EL MIÉRCOLES 5, recién regresado de San Pablo, me encontraba ordenando el voluminoso material del III Congreso del PT al que acababa de asistir y sobre el cual estoy publicando varias notas en LA REPÚBLICA y en Bitácora. Pero no pude resistir a la tentación de prender Canal 5 y mirar la interpelación del senador Heber al ministro Astori sobre la reforma tributaria. La verdad es que quedé prendido al televisor, y no lo pude dejar hasta que finalizó la intervención del ministro. Después, con la primera réplica del senador herrerista, el debate perdió jerarquía y volví a concentrarme en mis asuntos.
En mi larga vida de periodista hice durante varios lustros crónica parlamentaria. Asistí a interpelaciones memorables. Empiezo por la del diputado Rodney Arismendi, conjuntamente con Héctor Rodríguez y Antonio Richero, a los ministros de Defensa Nacional (general Pedro A. Munar) y de Relaciones Exteriores (Mateo Marques Castro) sobre el Plan Truman de militarización continental. Ocurrió los días 21 y 22 de julio de 1947, y le siguió otra, del 27 de mayo de 1953, sobre el Tratado Militar con Estados Unidos. Ambas están publicadas en ediciones de la Cámara de Representantes y tuvieron enorme resonancia cuando en plena guerra fría se debatía sobre la instalación de bases norteamericanas en el Uruguay y la orientación internacional del país.
En las décadas siguientes presencié la seguidilla de memorables interpelaciones del senador Wilson Ferreira Aldunate. Después de varias de ellas rodaba la cabeza de un ministro colorado, como en juego de bolos. Muchos se preguntaban de dónde salían sus informaciones tan minuciosas sobre la vida interna de los organismos cuestionados, en algunos casos el Ministerio del Interior, aunque lo sospechábamos. Numeroso público asistía a esas interpelaciones como a un espectáculo, para gozarlas.
Algo parecido, aunque al revés, me pasó con la interpelación a Astori. Pocas veces disfruté tanto (me refiero obviamente a la respuesta del ministro). Se colocó en un plano de altura de miras, de decencia, de conocimiento exhaustivo de los temas en todas sus entretelas, de respeto por las opiniones, de controversia ceñida y directa, sin subterfugios, de diálogo franco y abierto. Y de alta docencia, como un curso de nivel. Resultó aplastante. Una paliza descomunal, en el mejor estilo. Cuando Heber emprendió la misión imposible de ensayar una contrarréplica, todo el mundo entendió (y sintió) que la interpelación había finiquitado. Por goleada. No siempre coincido con las apreciaciones de Fernández Huidobro, pero en este caso creo que tiene razón. Por piedad, por clemencia, ahí debían haberse levantado todos y terminar el martirio al interpelante. De hecho, es lo que hicieron varios opositores, que dijeron su verso para la TV y se mandaron mudar (con power-point y todo) como en la Sinfonía de los Adioses de Haydn. Al punto que fue la bancada del Frente la que sostuvo el quórum, hasta que cada uno pudiera decir lo que le viniera en gana. Pero ya se había ejecutado el «Se ha consumado» de la famosa Pasión.
Al margen de esta consideración general, Astori dejó en claro dos cuestiones fundamentales, que esas sí le interesan al país. O quizá tres.
La primera es que el gobierno está aplicando una política económica diametralmente opuesta a la del gobierno del Partido Nacional al que pertenece el interpelante, y que fue realmente funesta para el país. Hoy rige una política definidamente de izquierda, centrada en la defensa de los más necesitados. La segunda, y esto en contraposición al senador Alfie, ex ministro de Economía: la actual política es la opuesta a la preconizada por el FMI, con el cual el gobierno del Frente Amplio ha cortado toda dependencia. La tercera quedó en claro después de la rendición de cuentas del presidente Tabaré Vázquez a la mitad de su mandato, el viernes: ésta es la orientación, no de un ministerio, sino de todo el gobierno.
Otra acotación, coyuntural, es que cualquiera percibe que la interpelación fue totalmente apresurada. ¿Qué sentido tiene cuestionar una reforma tributaria que implica un cambio de fondo cuando recién se empieza a aplicar? Colijo que la oposición no tiene de qué agarrarse para criticar al gobierno, y creyó que podría cabalgar sobre la oposición de ciertos sectores a la reforma tributaria. Calculó mal. Astori explicó didácticamente los beneficios de la reforma para la gran mayoría de los uruguayos. Pero hay más, y quiero traer a colación lo que aprendí en mi Comité de Base en la asamblea del 25 de agosto, en que recibimos la visita de Brovetto y Ehrlich. Una docente calificada en varias áreas, con muchas décadas de trabajo a cuestas y una pasividad elevada, explicó que tenía el gusto de pagar varios miles de pesos más por el IRPF, porque toda su vida luchó por la justicia social y no iba a desmentir sus convicciones en esta etapa de su vida. Y discutía desde este punto de vista con sus colegas.
Recién mencioné la alocución del Presidente, del viernes 7. Destaco su elevado nivel, su sobriedad, su franqueza al dirigirse a los compatriotas. La valoración del camino recorrido y las conquistas alcanzadas no nublan su visión de todo lo que resta por hacer, y para ello convoca al esfuerzo colectivo. Al día siguiente escuchamos las opiniones de la oposición blanca y colorada. Fueron de una pequeñez, de una mezquindad realmente asombrosas. No se animaron a decir una palabra sobre la visión de conjunto de la marcha del país y de los caminos de futuro esbozados por Tabaré Vázquez. Realmente, el Uruguay se merece un segundo gobierno del Frente Amplio. *
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