Shopping, polarización y Pymes

Los invito a recorrer una de las grandes superficies comerciales, llamémosla hipercentro, Shopping, supermercado (más de 200m 2), cadenas de comercios, donde los principales o casi todos los productos son importados. Veamos desde sus instalaciones, constituidas con la filosofía marquetiniana en búsqueda a la excelencia, su «marchaindaisin» donde cada producto está expuesto y cuidando al máximo en su presentación; y ni que hablar de la propia estructura de su superficie, que fue diseñada y construida en especial para ese óptimo funcionamiento. Desde escaleras mecánicas, luces, sonido, stands muy atractivos; somos los reyes del lugar, o por lo menos así nos hacen sentir. Todas esas luces nos causan placer y ni hablar que descubrimos artículos que ni en nuestra imaginación estaban. Es la fantasía hecha realidad, recuerdo para el día del niño, las opciones de muñecas, la sillita de todos colores a la medida, las bicicletas y motos hasta en 18 cuotas y los gamulanes sintéticos de dama hermosísimos auque eran de Oriente (porque ahora Oriente también sabe hacer cosas muy lindas). A diferencia del primer mundo, no quedan fuera de la ciudad, lo tenemos en el barrio, qué bueno.

Este paradigmático paraíso tiene, lamentablemente, un costo, el que no vemos, el de la mayoría, que sólo lo puede mirar y nada más. No vemos mal este paradigmático punto de atracción, pero sí queremos reflexionar a partir de él.

Tal como lo planteaba un filósofo francés, Edgar Morín, «la realidad es mucho más compleja de lo que apreciamos rápidamente»… «Solemos simplificar todo». La complejidad es que en nuestra sociedad, sólo el 30% de las familias llega al valor fin de mes de la canasta básica familiar, el otro 70% está por debajo de ella, aun más, el 70% rodea la mitad hacia abajo de los 31.000 pesos de la canasta; estas últimas familias sólo verán las luces que las encandilan, una sociedad a la que no alcanza, a pesar del mejoramiento de estos últimos años.

Una de las leyes económicas del mundo de economía de mercado es la concentración del capital y la polarización natural que el mismo produce. Generando de hecho monopolios o semimonopolios, en casi todas las áreas.

Imaginemos sin nombrar la cadena de grandes supermercados (X), comenzó con artículos alimenticios, hoy llegan al casi 45% total del mercado nacional (todas las cadenas), continuó con bazar y electrodomésticos, hoy llegan casi a un 90% (las grandes superficies); cuando los artículos son importados la polarización es mayor, puesto que se traen los contenedores de Oriente en cantidades y valores que sólo pocos pueden realizarlo, mucho más cuando se tiene la cadena de distribución, que cierra el círculo.

De esta forma, nuestras industrias se continúan cerrando, el círculo de empleo guarda guarismos que no permiten subsistir a una familia. Y tenemos el siguiente agregado ideológico: pero compramos variedad y valores muy bajos, ¿por qué no?

Sin confirmar el dato, se estima que las grandes superficies y cadenas tienen hoy el 65% del consumo nacional (no mayorista). Que las grandes superficies están mayoritariamente en nuestra capital, que aunque ya no se dan nuevos permisos, quedan viejos permisos dados y ampliaciones de los ya existentes. Sin querer ¿? tenemos una polarización y concentración de los canales de venta.

¿Qué produce esto? En la complejidad que decía el filósofo Morín hay partes buenas y otras atroces. La apertura al mundo es buena, las oportunidades de nuevos productos son satisfactorias, pero en el conjunto económico nos quedamos sin industrias, nos quedamos sin trabajadores, tenemos sueldos de valores del 20% del valor de la canasta básica, nos abrimos tanto al mundo sin protegernos que destruyeron nuestro trabajo, nuestras fábricas y hasta nuestra ideología de defender los productos nacionales en la práctica.

Quizás alguna defensa del país industrial sea imprescindible, no competimos con países de 13 dólares de salario mensual como China y no tenemos ninguna barrera como la mayoría de los países tienen, caso la propia China, ella misma a pesar de todo, limita las importaciones (no de materia prima). Por eso seguimos importando más de lo que exportamos (2006) y la mayoría de los uruguayos prefiere un trabajo público, puesto que el país continúa siendo inviable.

La inviabilidad no sólo se da por el sector industrial, sin condiciones de desarrollo, que sólo creció en construcción (por Botnia) y en alimento y bebidas; áreas casi imposible de importar.

El riesgo que surge paralelamente como país es cómo modificar el proceso de concentración de los canales de distribución, de los cuales tomaremos sólo dos problemas: el primero; lo que significa la concentración de los canales de venta: más importación, más dominio semitotal del mercado, capacidad de dominio mayor a las empresas que todavía quedan en el país, un poder distributivo peligroso, etc.

El segundo punto es que para evitar la polarización social del país es necesario que el mercado interno esté distribuido en forma amplia con Pymes a la cabeza, de esa forma la distribución de la riqueza se realiza en forma natural, llegando a la posibilidad de una justicia social deseada por todos. El mercado interno no monopolizado genera la tan deseada capa media perdida ya desde 2000.

En todo el continente latinoamericano se asemejan estos procesos y es la voluntad política que debe ejercerse para contener esta ley económica de concentración.

La búsqueda de ese equilibrio perdido, que a veces los escaparates y las luces de los shoppings no nos deja encontrarla, es la responsabilidad que nos toca corregir. *

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