El silencio de los valientes

C asi mil ambientalistas de Gualeguaychú llegaron hasta Fray Bentos, leyeron su proclama contra la instalación de la pastera Botnia y se fueron, sin ningún lastimado. Del lado oriental del río Uruguay no hubo un solo gesto de agresión, tampoco por parte de los «invasores». Sólo se sintió el silencio de los valientes que saben que hay empresas más importantes que soportar el grito en la cara en tu propio territorio por parte del fundamentalismo.

Los fraybentinos no entraron en la provocación, no por instrucciones del momento sino porque es la larga escuela de la democracia uruguaya que sabe cuándo hay que dar un paso atrás, para después dar dos pasos adelante. Todo siempre hecho con dignidad.

Estas actitudes no se aprenden en un día ni en veinte, son parte de la acumulación «genética» política, ideológica y cultural que nació como provincia y que un día, en medio de la derrota que se llamó Exodo y que terminó en comunidad de sangre, se transformó ­ casi sin quererlo ­ en Nación, en Patria, en República, en pueblo reunido.

El gobierno nacional (frenteamplista) y el gobierno departamental (blanco) no desentonaron, mostraron coherencia, al promover la tolerancia y defender el derecho, sea oriental o extranjero, a manifestarse libremente, sin importar si el otro tiene o no razón.

«Yo creo personalmente que tenemos razón y que esto ayuda a nuestros planteos ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Es una demostración práctica de lo que venimos sosteniendo en materia de libertad de circulación y de respetar las normas que no agravan el conflicto», dijo el canciller uruguayo Reinaldo Gargano, interpretando muy bien el sentir de los orientales.

La serenidad del presidente Tabaré Vázquez y del intendente Omar Lafluff, así como de sus subordinados, mostró que en Uruguay hay una democracia consolidada, donde la sociedad tiene códigos comunes que permiten sortear la histeria de un grupo que se cree enviado de Dios para salvar al medio ambiente y a la naturaleza, donde supuestamente se enfrente a otros seremos humanos que tienen actitudes suicidas al aceptar la contaminación de sus aguas, como si los uruguayos fueran una especie humana extraña que es capaz de suicidarse.

Lo que es inaceptable es que se diga que los uruguayos no se pliegan a la lucha contra Botnia, porque el gobierno les ha metido miedo. Los que dicen eso, desde sus manifiestos, no tienen idea de lo que es la tolerancia a la «orientala», donde el primer desenfrenado no va preso, sino que antes es aislado inmediatamente por la mayoría de la sociedad. En este territorio, no hay lugares para los bocones.

Todos estos desencuentros con los hermanos argentinos han tenido como protagonista a parte de un pueblo como el de Fray Bentos que ha soportado en su ya larga vida más frustraciones que realizaciones, aunque a pesar de esta realidad no ha perdido la ganas de vivir y de retomar los caminos que le permitan avanzar.

Llevará mucho tiempo reencontrarse con el hermano del otro lado del río, pero eso sólo se podrá concretar si se siguen emitiendo señales de tolerancia y de comprensión, por ambas partes.

El mayor esfuerzo para llegar a buen puerto es el de no salirse de la tolerancia y de la razón, de la comprensión del planteo más equivocado aunque no se esté de acuerdo con él, porque las heridas afectivas son las más difíciles de curar. Son las que más duelen y llevan tiempo, demasiado de cicatrizar.

Cautela, paz, comprensión, serenidad, pero también defender el derecho a festejar nuestros éxitos como sociedad, son los pilares de un relacionamiento con Argentina que es imprescindible para ambas partes y que debe de concretarse lo más pronto posible.

El domingo se dio una gran paso, aunque aún falten muchos más, porque vencer el miedo ­por más irracional que sea­ necesita pueblos de gigantes. En eso estamos, los que nos sentimos parte del silencio de los valientes. *

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