Más Legnani al fuego

Con Legnani somos viejos conocidos. Lo recuerdo de cuando él iba a la sede del FA, a cubrir notas, a la salida de la Mesa Política. Estoy hablando de la época de la gloriosa oposición del FA, en que presidía el General Seregni, luego continuada por Tabaré candidato. Epoca en que, por varios años, tuve el inmerecido honor de integrar ese Cuerpo. No tengo ningún motivo que me haya generado animosidad hacia él, y creo que tampoco él lo tenga. Sólo que, en estos momentos, él escribe «De domingo a domingo», una importante página en LA REPUBLICA, en que atiende temas relacionados con el gobierno y con la fuerza política que le dio origen. Y abarca enfoques globales muy interesantes, que ameritan, de mi parte, una evaluación y comentarios, máxime cuando, como frenteamplista, lo encuentro un tanto indulgente con todo lo actuado por el actual gobierno. Eso es todo. Lo del título, es sólo un juego de palabras, aprovechando el radical fonético de su apellido.

Vayamos al meollo de la nota de Legnani (1)

Los esfuerzos de los gobiernos, por reducir las brechas sociales e incluir a millones de personas, chocan con dificultades adicionales a las ya «naturalmente» existentes, por conductas propias, contrarias a dichos loables objetivos, en particular, en el caso del nuestro, cuando se mantiene una política económica que privilegia «la honra» de la deuda externa , por encima de los intereses y necesidades del llamado país productivo y de su gente, haciendo inviable este último por falta de recursos que lo hagan factible.

Se apoya la emergencia social, pero no se logran crear las fuentes de trabajo necesarias para transformar el asistencialismo en una digna solución final, que logre la erradicación definitiva de dicha ayuda, por cierto que importante pero transitoria.

No se logra, porque no se intenta, por la vía tributaria, una redistribución de ingresos que haga a los más poderosos contribuir realmente al rescate de los más desposeídos. El peso mayoritario del financiamiento estatal sigue estando en los bolsillos del sufrido pueblo.

Las reglas esenciales de la economía siguen , en forma muy mayoritaria, funcionando bajo la égida del Dios Mercado.

No es palpable en la realidad que «cada vez más uruguayos participan de la riqueza generada por nuestra sociedad». La riqueza, aunque en aumento, se ha seguido concentrando cada vez más en pocas y extranjeras manos. Una curva de Gini seguramente lo reflejaría con total crudeza y claridad.

Coincidimos con Legnani, por elemental, en que, además de la participación de los pobres, se requiere imprescindiblemente la presencia de los otros factores capaces de dinamizar la economía. Pero, la porfiada historia, en el cuasi olvidado capítulo de «la lucha de clases», muestra con claridad, qué espera a los pobres, cuando la distribución de los excedentes queda en manos de los poderosos, a través de sus testaferros gubernamentales, puestos justamente para eso.

Respecto a no dejar librado todo a la inversión extranjera en la «patriada», es claro que, con esta política económica, que privilegia la «honra» de la deuda externa, que crea y cree en el «superávit primario» destinado a pagarla, a costa del gran ajuste que supone la rebaja equivalente del gasto (léase imposibilidad de la necesaria inversión estatal), la cosa se torna imposible. Lo único factible en la dimensión actual es la dinamización a través de la inversión extranjera, que sabemos a qué viene, desde que el mundo es mundo, capitalista.

En cuanto a «la construcción de una nueva burguesía nacional, erguida en base a empresarios modernos, con responsabilidad social y con capacidad innovadora, capaz de crear riqueza y establecer la mejor distribución de ella,» a la que se refiere Legnani, es parte de otra utopía irrealizable, a estar a las definiciones, ratificadas por el funcionamiento de la economía real, de un tal Carlos Marx. Es como pensar que se puede poner a los lobos con las ovejitas, en un campo cercado, y que todos van a ser solidariamente herbívoros.

La creación de un estado general revolucionario (en el único sentido aplicable de la palabra,Legnani) (2), cuyo objetivo sea el de generar cambios que mejoren el estadio de vida digna de todos los ciudadanos, teniendo como condición previa «la mejora y creación de un clima anímico adecuado», en este estado de cosas, no se puede lograr mientras se mantengan los supuestos que hemos comentado ub-supra. Esperarlos en este contexto es otra de las utopías irrealizables.

Respecto a la participación de los estudiantes, llevamos décadas de frustrante individualismo, facilitado por una política enancada en los poderosos medios de comunicación, promoviendo lo individual, lo superficial, el consumismo y el «hacé la tuya». «A la Facultad hay que ir a estudiar, para recibirse y ganar plata, y no a perder el tiempo en militancia y gremialismo», se proclama. Los gobiernos pre y posdictatoriales se han encargado de reprimir cualquier mínimo intento de los jóvenes por «salirse del libreto» que se les ha marcado. Se hace muy difícil de revertirlo.

Se podrá lograr cuando no estemos tan preocupados en definir un concepto de revolución que se encuadre en lo que se entiende por ese «mejor sentido de la palabra», que subraya Legnani, que es justamente, quitarle la esencia de contenido de levantamiento contra el orden injusto, que el vocablo significa. (2)

Y para terminar, seguir creyendo que «los pobres van a salir de la posición de desheredación (como por magia) si hay inversión» (privada, que es la única posible según el rumbo de la política económica elegida también por el gobierno progresista ), es ignorar la historia del hombre y desoír, otra vez , a los más prestigiosos sociólogos y politólogos que, como el mencionado Carlos Marx, han dado otras explicaciones contundentes de la realidad.

No olvidarse de que la ley natural aún vigente, que establece que la única manera de salir de esta trampa es lograr, por los medios revolucionarios que correspondan, en concordancia con el verdadero sentido del vocablo, que los desposeedores restituyan la parte robada correspondiente a los desposeídos, sigue siendo vital.

Lo demás es pura cháchara. *

La República, 26/8/07, pag 4 – Revolución: Cambio violento de las instituciones políticas , económicas y sociales de un país. Inquietud, alboroto o levantamiento colectivo.

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