El País, El Observador y la marcha de la FEUU

Escribe Gabriel Mazzarovich *

El viernes miles de estudiantes universitarios, algunos dicen 10.000, salieron a la calle a reclamar presupuesto para la educación, a defender como pueden la Universidad pública y la educación pública.

Realizaron una movilización pacífica, creativa; pusieron todo su esfuerzo y su ilusión para decirle al gobierno y a la sociedad toda que están jugados para defender lo que es de todos.

Cuando miles de jóvenes se van del Uruguay porque no encuentran perspectivas, porque perdieron la esperanza de obtener de la sociedad la oportunidad de acceder a lo mínimo para vivir dignamente, otros miles de muchachas y muchachos siguen apostando a las salidas colectivas, a la movilización, al pataleo. En definitiva, a ser escuchados.

Dejando de lado las movilizaciones electorales y la «Marcha del

silencio» del 20 de mayo, hace muchos años que nadie había convocado a tantos. Pues bien, para la prensa del poder, el hecho no existió. Para El País, el diario orgánico de la dictadura, y para El Observador, el operador del Opus Dei, el viernes en Avenida Italia no pasó nada o pasó muy poco.

En el matutino inspirado en la doctrina de Escrivá de Balaguer, el hecho sólo mereció unas líneas en un pequeño recuadro titulado «Minoría estudiantil protesta contra la FEUU», donde tiene más destaque el hecho de que once estudiantes de medicina critican a la FEUU por la forma en que se deciden las «huelgas y ocupaciones» y que la Corriente Gremial Universitaria hace lobby en el Parlamento buscando recursos para la Universidad.

En el matutino caganchero, ni eso. No es para asombrarse: El País tiene una historia coherente al respecto, y El Observador también coherentemente desde su página editorial le otorga flechitas hacia abajo a cualquier movilización o protesta popular, sea de las características que sea. El Observador, como es público y notorio además, es parte de un grupo económico que tiene fuertes intereses en una Universidad privada, la competencia y el libre mercado que le dicen.

Sin embargo el hecho de que no sea para asombrarse no le quita entidad al asunto. Entonces, para que no queden dudas, la marcha de la FEUU existió, fue enorme, fue jugada, y expresa una realidad tangible de la actualidad del Uruguay.

La Universidad en su conjunto se juega para lograr que el país comprenda la importancia de brindar los recursos necesarios para la educación, para la investigación científica, para la elaboración de ideas y proyectos de país, para la formación democrática de sus jóvenes. En esa movilización los estudiantes juegan un rol de primera línea. Seamos justos con la historia: siempre lo hicieron. En la década del ’50, cuando batallaron por la Ley Orgánica de la Universidad, por la autonomía y el cogobierno. En la del ’60, para enfrentar el autoritarismo creciente y también por presupuesto. Durante la dictadura, cuando muchas lumbreras se acomodaron con la intervención, florecieron las revistas estudiantiles, se mantuvo la actividad gremial, y en un setiembre inolvidable se desbordó el Franzini para decirle a la dictadura que la generación del silencio no existía.

Hay una famosa canción que entre otros interpreta Mercedes Sosa que dice «Me gustan los estudiantes». Pues bien, parece que a algunos, que tienen medios de prensa, no le gustan nada.

Que quede claro también, que son parte de una operación para debilitar a la Universidad pública y seguir transformando a la educación en un bien de consumo, en una mercancía.

En la apuesta de transformar a la sociedad en un conjunto de consumidores y no de ciudadanos, las movilizaciones como la del viernes son un obstáculo, no son funcionales. ¿Qué hay que hacer entonces? Pretender que no existieron.

* Secretario de Redacción de LA REPUBLICA.

 

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