Siete razones por las cuales el ministro Brezzo debería renunciar

En primer lugar por su incomprensión acerca de dónde está, su ignorancia acerca de la naturaleza constitucional del cargo que ocupa.

En medio de la interpelación llevada adelante en el Senado por el encuentrista José Korzeniak, el ministro Brezzo proclamó exultante: «a mí nadie tiene que decirme cuándo tengo que renunciar.»

Es un error. Un error que demuestra que, en los patrióticos trámites de tajada y reparto que lo llevaron a él a ese cargo, no le dieron tiempo para leer e internalizar que, según el artículo 174 de la Constitución, «los ministros deben contar con apoyo parlamentario».

Dicho de otro modo, hay en el ordenamiento institucional del país, alguien, además del Presidente de la República que lo nombró, que puede decirle cuándo debe irse. Y ese alguien es el Parlamento.

Parlamento al que no le puede mentir, al que no le puede retacear información, poder del Estado al que debe respetar en su rango y estatuto constitucional.

Una segunda razón surge precisamente de la interpelación.

El ministro de Defensa Nacional es el responsable de la situación de crisis de mando que existe en la Armada Nacional.

Es el responsable de la solvencia o insolvencia de los servicios de Búsqueda y Rescate de la Armada que constituyen la salvaguardia material del funcionamiento de la actividad naval.

Esa responsabilidad lo es hacia la opinión pública, hacia la administración y se corporiza en su responsabilidad ante el Parlamento, al que no le debe mentir. Ante el cual no puede «hacer virajes» en materia de versiones sobre lo ocurrido.

En tercer lugar, el ministro de Defensa Nacional ha incumplido las sentencias emanadas del Poder Judicial que lo obligaban a investigar acerca de la suerte de Elena Quinteros.

De acuerdo con la lógica «kafkiana» implantada en las administraciones posdictadura, el ministro demoró la investigación más allá de todos los plazos establecidos por la ley y finalmente investigó, no sobre lo sustantivo que ordenaba el magistrado, el destino de la maestra detenida-desaparecida, sino acerca de la estabilidad psíquica del testigo.

En cuarto lugar, en esta misma materia, el ministro Brezzo se negó a responder a una solicitud de informes acerca de las actividades, fechas y cargos, de un núcleo de ocho oficiales de las Fuerzas Armadas de Uruguay que aparecen vinculados a acciones represivas dentro del «Plan Cóndor».

Significativamente, el escrito con los fundamentos esgrimidos por el Ministerio de Defensa para negarse a brindar la información solicitada por el fiscal argentino Miguel Angel Osorio, no se ha conocido públicamente.

Algunos juristas de prestigio reconocido han declarado que, a partir de lo trascendido, la decisión de no brindar información era insostenible.

Se pronunciaron en ese sentido Héctor Gros Espiell, Gonzalo Aguirre Ramírez y Jacinta Balbela.

Del escrito hubo referencias parciales y confusas en una crónica de El Observador y en un editorial del diario El País. Pero el documento, en su totalidad, como exposición coherente de una posición del Ministerio, no se conoce públicamente.

En octubre, el diputado del Frente Amplio-Encuentro Progresista Enrique Pérez Morad presentó un pedido de informes a Defensa para conocer el tenor de la respuesta brindada a la justicia argentina. En quinto lugar, el Ministro de Defensa, contra la libertad que se había proclamado con relación a las FM comunitarias, ha venido clausurando, una tras otra, distintas emisoras: «La Marea» de Valizas, ahora «El Sótano» que irradiaba para Colón, Sayago y Peñarol.

Los pedidos de informes realizados por el diputado Daniel Díaz Maynard sobre el punto no han sido respondidos. El ministro actúa, una vez más, soslayando las funciones de contralor parlamentario.

Finalmente, el señor Brezzo se encuentra al frente de una cartera importante, que tiene decenas de miles de funcionarios (armados) y que insume una porción importante del raleado presupuesto nacional.

Es un Ministerio que se ocupa de una función importante y, a la vez controvertida, del Estado.

Y, por una serie de razones, entre otras los cambios internacionales que han llevado a la existencia de un mundo unipolar organizado en torno a la supremacía militar estadounidense, es una rama del aparato estatal que debe actualizarse.

No puede seguir actuando con las coordenadas doctrinarias y de asignación de recursos humanos y materiales de la época de la guerra fría.

Frente a una cantidad de problemas perentorios se plantea, una y otra vez, la necesidad de redefinir el papel de las Fuerzas Armadas, de su «misión», etc.

Esta labor organizativa, legal, doctrinaria requiere una conducción firme, lúcida y con fuerte y efectivo respaldo parlamentario.

Respaldo que Brezzo no tiene.

Más bien, y esta es la séptima razón por la que debe irse, Brezzo la ha emprendido contra la izquierda a la que acusa, entre otros disparates, de preparar un estallido social.

Con la principal bancada en oposición a su gestión, Brezzo no está en condiciones de asumir las delicadas tareas de adecuación que el país y las Fuerzas Armadas necesitan.

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