De la corrupción y sus remedios

«La corrupción y la poca aptitud para la vida libre de la república provienen de las desigualdades que allí se hallan, y cuando uno quiere restablecer la igualdad es necesario tomar grandísimos medios, medios extraordinarios que pocos hombres saben o quieren emplear.(de Maquiavelo sobre las décadas de Tito Livio, II)

Como puede verse, en todos los tiempos los hombres lúcidos pudieron ver en las desigualdades sociales la medida de la salud de las repúblicas. Que la corrupción genera desigualdades crecientes queda probado tras tres décadas de liberalismo económico. Los liberales del proceso eran intrínsicamente corruptos, puesto que afirmaban al unísono con Grondona en la revista internacional Visión, o la uruguaya Búsqueda, que los cambios que ellos propugnaban no podían llevarse a cabo en democracia.

Para imponer la reforma tributaria de 1976 fue necesaria la dictadura militar, puesto que mediante la misma todo el peso del estado caía sobre el pueblo trabajador. Liberando a la clase rentista de responsabilidad fiscal.

Los militares fueron necesarios para el despojo de la renta nacional por parte de la piratería internacional y sus logreros locales. Así pues nuestro país fue saqueado desde dentro. Nuestros bancos nacionales vaciados. El crédito público del BROU o del BHU, envilecidos en beneficio de falsos empresarios asociados a las facciones civiles que se encaramaron con el proceso. Luego esto continuaría bajo las administraciones rosadas, donde todas las buenas iniciativas fueron corrompidas, como fue el caso de la Corporación Nacional Para el Desarrollo, idea de Wilson.

Fueron los economistas y burócratas del proceso los que llevaron a la crisis de 1982. Se recibieron de sepultureros: ¡enterraron a un pueblo! Esto creo una crisis de legitimidad externa ante los acreedores de la deuda externa que se había multiplicado por diez en el período de licencia institucional.

¡Había que legitimar los desaguisados del proceso cívico-militar para refinanciar la deuda externa! Por ello el primer parlamento erigido en 1985, convalida todos los actos jurídicos del proceso, no se cuestiona ninguno, manteniendo la estructura tributaria infame heredada.

Con el aval democrático, los civiles del proceso incrustados en la OPP, el ME, Banco Central, vieron renovados sus créditos para continuar con sus funestas políticas de achique del país que nos llevarían inexorablemente a la implosión financiera de de 2002.

Luego de treinta años de gobiernos bajo los mismos técnicos de la miseria, recordemos que el equipo Végh, Davrieux, Díaz, Benzión y acólitos, marcan, desde el aparato del Estado o desde el púlpito de la cátedra, las pautas económicas del país desde 1969 hasta el 01/03/05.

El proceso rosa, armado o aparentemente desarmado, ha logrado en estos cuarenta años (1967-2007) envejecer al país provocando el éxodo de sus jóvenes, o marginándolos al punto de que la mitad de ellos nacen y se crían en la indigencia y la exclusión.

Y debemos tener claro de que esto sólo fue posible empezarlo apelando al terrorismo de estado, luego mantenerlo mediante el engaño rosa: «el cambio en paz» y «credenciales y no pasaportes».

Ahora los grandes «tartufos» en acción: ¡Los estafadores juraron al pueblo que los Röhm ponían los 100 millones para el Comercial, los que desde el Banco Central custodiaron el vaciamiento de los Bancos, y luego firmaron contra documentos secretos por los cuales era el Estado uruguayo el que los ponía! Los grandes cacos levantan dedos acusadores, tiran bolas e inflan globos en verdaderas campañas de guerra psicológica mediática.

Estos viejos viciosos cuestionan hasta la vocación médica del Presidente.

Es pecado un día a la semana ser oncólogo. ¡Es más honorable ser un delirante orate con un burro en Maroñas!

Y, cerramos con el gran florentino, en su capítulo IV «De la corrupción y sus remedios»: «siempre hay partidos opuestos, a saber, el de los ricos, que son ministros de esclavitud, y el de los intrigantes del pueblo, que son ministros de licencia. Todos proclaman altamente el nombre de libertad, mientras que ninguno de ellos quisiera estar sumiso a las leyes ni a los hombres». *

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