Respetar al otro como sistema universal de paz y desarrollo
Es necesario que se brinden mayores espacios de participación civil y regional, detectando originales estrategias y conductas discriminadoras, definiendo en los hechos y en los países la implementación de las recomendaciones ya logradas internacionalmente. No hay más remedio que ir a los casos concretos pues el desmedro hacia el que se ve como no igual, adquiere facetas y métodos sutiles, siempre renovados para lograr su cometido degradante.
Aquí parte del informe de nuestra organización sociorreligiosa IFÁ del Uruguay enviado a la ONU, abocada a preparar la reunión de Precompromiso rumbo a la Conferencia de Revisión de Durban contra Racismo, Discriminación, Xenofobia y otras formas de Intolerancia a realizarse en 2009.
Luego de tantas conferencias, declaraciones y convenios aprobados y refrendados, nos preguntamos hasta dónde las reuniones internacionales que pretenden debatir contra las desigualdades sociales mundiales y concretamente latinoamericanas basadas en diferencias étnicas, raciales, religiosas, sexuales y tantas otras, son meras formas de ejercicio diplomático, gastando tiempo y ánimos ajenos, mucho dinero, horas internet y papeles en argumentaciones y arengas que nunca se ponen en práctica, aunque choquen contra una realidad que se desangra.
Paradojalmente, al avanzar el discurso, aumenta la evidencia de arraigados e indiferentes criterios de asignación de recursos públicos y falta de voluntad política en los Estados. Cómplices al fin de la dureza intolerante, desinformada y arcaica de la burocracia en sus mecanismos de inmovilización más que de acción.
Más de cinco siglos de exclusión son casi imposibles de nivelar. El racismo y la discriminación son parte estructural de las sociedades instauradas poscolonialismo. No se protege debidamente a sectores desplazados si no se hace promoción de su existencia y derechos. Y no se protege debidamente si no se repara económicamente indemnizando y moralmente revalorizando en la educación lo endémicamente marginado.
Resulta imprescindible la discriminación positiva como método de accionar realmente afirmativo. Debe haber abundante información a la opinión pública sobre estos temas, sensibilidad en los organismos de gobierno, oídos en los que tienen poder de decisión para cambiar situaciones de acostumbrada y casi natural humillación, acciones que en muchos casos no suponen erogación económica sino esbozar señales de respeto, fraternidad y solidaria humanidad. Aunque a veces resulte más fácil conseguir dinero.
La discriminación religiosa es otra forma de racismo
a) Negación oficial de espacios reivindicadores de los pueblos originarios o indígenas. En fecha 27/7/07 la municipalidad capitalina ante nuestro pedido instaurado en enero de este año, se negó a denominar con el nombre de una deidad africana (Yemanjá) al espacio físico donde se encuentra su estatua desde 1994 frente a playa Ramírez al lado del edificio Mercosur. Haciendo caso omiso a disposiciones sobre Ciudades contra el Racismo que hablan específicamente de «poner nombres emblemáticos» a lugares públicos como forma de reconocimiento al aporte cultural de las comunidades discriminadas y «protección a las religiones ancestrales», alegando solamente «que no es el espíritu de la comisión de nomenclatura cambiar nombres» Apelaremos la decisión de la Junta Departamental, ya que el lugar mencionado tiene tamaño como para ser dividido, y España -con todo el respeto que nos merece y sin entrar en los detalles de la colonización- está más que suficientemente recordada en la toponimia local: Plaza Isabel de Castilla, plaza España, Bulevar España, Hospital Español, plaza 2ª República de España, e infinidad de calles con nombres de ciudades, hechos y personajes españoles. Hay aquí un flagrante desconocimiento estatal de los convenios internacionales sobre representación equitativa de los colectivos.
b) Los sistemas de educación deben cambiar su fundamentación para revertir generacionalmente los prejuicios instaurados en los programas de enseñanza básica. Nuestros niños y adolescentes conocen sólo la concepción de lo trascendente implantada ideológicamente desde la conquista hasta nuestros días. La materia llamada «Historia de las religiones» si se da en la práctica, es mera reproducción de la discriminación de las creencias impartida desde las aulas y en los textos de estudio. Los jóvenes ven a un sacerdote con atuendo religioso afroumbandista y piensan que es un extranjero o que está disfrazado. La celebración de Yemanjá; Virgen del mar en el sincretismo; reúne 500.000 almas en las playas uruguayas el 2 de febrero. Tristemente se ignora o mal conoce la razón fundamental de dicho festejo, lo cual no es obstáculo para que turistas, periodistas y diversas gentes del mundo entero se acerquen expresamente a ver el fenómeno masivo convertido en celebración popular. Hemos colaborado en este aspecto con el Congreso Nacional de Educación que aún no se implanta.
c) Nueva forma de odio religioso: la llamada Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), los «Pare de Sufrir» que explayan su multimillonario negocio de la fe por todo el mundo, desde principios de 1990 en Uruguay y la región mercosureña, eligieron demonizar por medios masivos de comunicación a los cultos afro e indígenas -Umbanda, Batuque, Kimbanda, Candomblé, llamados por ellos «macumba»- para «vender» sus supuestos poderes eliminadores de nuestra existencia. De varios países los han expulsado y algunos Parlamentos han tomado la causa, pero en Uruguay no se les toca por una espuria interpretación de la libertad de culto constitucional, otro poco por comodidad -sumado esto a los fantásticos y misteriosos capitales que manejan- y porque casi ningún juez juzga a nadie por discriminación de ningún tipo aún en nuestro país, es una lamentable verdad. Se podría decir que letrados y magistrados desconocen las leyes que protegen contra delitos de racismo, xenofobia y discriminación. Agotamos la vía judicial y otras sin éxito, y recientemente dimos pasos hacia un anteproyecto de ley sobre discriminación religiosa, tomando ejemplo del Derecho brasileño que ya legisló al respecto frente a igual situación de menoscabo público y cotidiano de la religiosidad nativa. *
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