Primero: "Uruguay"
En pleno Siglo XXI, un pequeño país como el Uruguay, está intentando organizarse como una nación integrada totalmente en todo su territorio, lo podemos constatar con el hecho de que el Poder Ejecutivo haya salido a realizar sus acuerdos ministeriales en alejados puntos del Interior, como también se comprueba el acercamiento de que están concretando los distintos intendentes de diferentes cintillos. Son demostraciones positivas orientadas a una mayor cohesión entre todos los compatriotas, ya que está comprobado que la unión entre diferentes partes ejerce resultados beneficiosos.
Lo que nos resulta muy contradictorio a esa idea es la postura que han adoptado algunos jerarcas comunales que, buscando el beneficio de su chacrita, han implantado un régimen de cálculo atractivo en el valor de los empadronamientos de vehículos, destinado a todo aquel individuo o empresa, no importando su lugar de residencia.
No han podido ponerse de acuerdo a lo largo de los años para aprobar un valor único nacional y entonces, cuando un intendente puso valores bajos, luego aparece otro y ahora son varios, estableciendo así un panorama lamentable.
Esta pelea por mayores ingresos sólo sirve para demostrar un egoísmo provocado por ambiciones económicas destinadas a la concreción de obras o mejoras dentro de su territorio. Siempre supimos de la voluntad que ponen los intendentes para lograr opiniones favorables basadas en las obras realizadas, aunque tendrían que ubicarse en el valor que tiene la zona que abarca su departamento, ya que es muy diferente hacer algo en Maldonado, Colonia o Montevideo, que en Flores, Rivera o Lavalleja.
El actual sistema está permitiendo que un coche nuevo tenga diferentes valores a lo largo del país, y por eso, ciertas intendencias bajan los costos de empadronamiento y así atraen más interesados en sus registros, lo que permite que un coche anotado en un departamento de poca superficie pueda moverse en la zona que su propietario quiera.
A este incontrolable régimen de empadronamiento, se agrega un arcaico sistema de licencias de conductor, que autoriza que una persona pueda tener su permiso para manejar en cada uno de los 19 departamentos y también un mecanismo de multas o infracciones, según el gusto de cada Dirección de Tránsito departamental.
Este verdadero caos administrativo está ocurriendo en el Uruguay actual, un diminuto territorio de la superficie mundial de este siglo XXI, y que cuenta con numerosas autoridades que podrían actuar eficazmente y así mejorar el tétrico panorama que soportamos DIA a DIA, ante los accidentes que ocurren en nuestras calles o rutas. Investigando cada zona, tanto el Ministerio de Transporte, cada una de las Direcciones de Tránsito Departamentales, como también la Policía Caminera, se podrían ahorrar muchas muertes, accidentes o choques que afectan terriblemente a nuestras familias.
Cuanto antes debemos ponernos de acuerdo los uruguayos para salir de este infierno sangriento. Soluciones hay muchas, sólo hay que implementarlas, en estos tiempos. También Argentina, sufre una crisis parecida entre sus provincias, y lo están tratando de solucionar en el ámbito parlamentario. Sabemos que varios países hacen pagar el gasto que provoca la circulación vehicular, incluyendo un porcentaje en el valor de los combustibles, lo que parece lo más justo, ya que usted paga en los lugares donde pasa.
Las inspecciones vehiculares son algo desconocido. Cuántos camiones, ómnibus o coches están circulando, sin tener una imprescindible autorización. No queremos más tragedias en las rutas vamos a reflexionar con rapidez, ya que lo primero a tener en cuenta, se llama URUGUAY. *
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