"Memoria para armar": hacia la reconstrucción del pasado
Tuvo lugar el pasado miércoles 3 un singular evento en la Sala Zitarrosa, sobre el cual LA REPUBLICA fue el único medio que informó detalladamente. Un grupo de ex presas de la dictadura lanzó en esa oportunidad una propuesta removedora que apunta a rescatar la memoria, de manera que el tiempo –que todo lo ultraja– no se convierta en un aliado del olvido.
‘Memoria para armar’ es el nombre elegido por las ex presas para presentar su convocatoria a todas las mujeres que padecieron de un modo u otro –algunas en mayor grado– la devastadora acción del régimen cívico militar que nos gobernó durante doce años. Las mujeres que sufrieron cárcel o exilio, o las que simplemente sobrevivieron en el insilio, están convocadas a aportar su testimonio escrito bajo forma de relato testimonial, cuento o poesía.
La excelente idea se inscribe dentro del contexto actual, un contexto particularmente apropiado para terminar con el oprobioso olvido fomentado desde el poder. Hechos positivos que pudieron apreciarse al asumir el gobierno actual hablan de un cambio de actitud que, sin llegar a colmar los reclamos de verdad y justicia, permiten abrigar la esperanza de que podamos, al menos, acercarnos a la verdad. La instalación de la Comisión para la Paz –independientemente de los resultados concretos a que pueda llegar– ha tenido la virtud de hacer de un tema tabú el objeto de una saludable discusión pública que aventa los fantasmas con que pretendieron acallar la voz del recuerdo.
Como no podía ser de otro modo, la iniciativa cuenta con nuestra más firme adhesión por cuanto propiciará algo que hemos venido sosteniendo desde la aparición de LA REPUBLICA: el recuerdo de los años de plomo, la memoria del pasado (por dolorosos que sean), deben mantenerse en el presente de manera que quienes vivieron el despotismo, la intolerancia, la arbitrariedad y todas las formas del terrorismo de estado no lo olviden; pero sobre todo, para que las nuevas generaciones lo conozcan y lo integren a la conciencia colectiva de la misma manera que todos los uruguayos saben de las hazañas futbolísticas del pasado glorioso. El pasado que hay que rescatar no es precisamente glorioso. Es oscuro y trágico, pero quizá precisamente por esa razón sea menester no olvidarlo.
Y tal vez lo más interesante de la propuesta es que el grupo de donde partió la iniciativa –lejos de mantenerse como un compartimiento estanco– abre las posibilidades de ofrecer testimonio a todas las mujeres y no sólo a aquellas unidas por la experiencia de la cárcel. Es así que no serán solo quienes padecieron el infierno de Punta de Rieles o de otros centros de reclusión, o las que sufrieron el exilio desgarrador, las convocadas a expresar sus vivencias. En esta oportunidad se incluye también a aquellas que pudieron evitar la prisión y no quisieron o no pudieron buscar asilo en tierras extrañas: las ignoradas y sufridas víctimas del insilio. Las que tuvieron que soportar la arrogancia prepotente de los motineros y sus laderos civiles en las pequeñas peripecias de la vida cotidiana. Las que siguieron viviendo en el silencio, las que tuvieron que soportar las mentiras de las informaciones oficiales, las que no pudieron festejar el 30 de noviembre de 1980, las que fueron destituidas, las que en la intimidad del hogar trataban de que sus hijos tomaran conciencia de la realidad que se vivía, todas esas heroínas anónimas también tienen algo para aportar a esta reconstrucción del pasado que nos permitirá ‘armar la memoria’.
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