Las derechas sean unidas
L a ofensiva contra el gobierno de Venezuela a partir del maletín con 800 mil dólares que fue capturado en Buenos Aires y que portaba el empresario venezolano Guido Antonini Wilson, hace recordar a los momentos más críticos de la guerra fría.
Da la impresión de que la derecha latinoamericana cree que es «ahora o nunca» lo que se divisa en el horizonte, con la intención de crear una fuerte corriente de opinión contraria a Hugo Chávez que lo termine desplazando del gobierno.
Estamos, entonces, ante un nuevo bloqueo que intenta aislar a Chávez, como si sufriera una enfermedad contagiosa. El que se aproxime a Venezuela va a terminar mal, parece decir la derecha mediática, cultural e ideológica de América Latina, que se inspira –como en 1954 cuando tuvo que derrocar al presidente de Guatemala, Arbens– en las directivas de la CIA, del Pentágono y de los intereses de los desocupados de la guerra fría o de sus herederos.
Esta actitud proimperialista, mezquina y camaleónica, no sólo prepara las condiciones para alterar la institucionalidad democrática de Venezuela, sino que se inmiscuye en los asuntos internos de otros países como el nuestro, generando debates ficticios que distraen la atención de los pueblos, intentando que la agenda de nuestras sociedades no sean los desafíos de nuestra gente.
Hay que reconocerlo: en nuestro país se ha montado un poderoso culebrón de aquellos, donde toda persona que haya compartido un mismo lugar con el empresario Guido Antonini Wilson es puesta bajo sospecha.
El doctor Jorge Batlle, ex presidente de la República, sabe manejar la palabra y es especialista en generar dudas y sospechas. Por eso, hace pocos días, no dudó cuando tuvo que señalar: «Es una situación muy desagradable la que se ofrece cuando participa alguien de Venezuela, vinculado al gobierno». Palabras que fueron enriquecidas por su soldado, el diputado José Amorín Batlle, quien enriqueció el discurso desestabilizador cuando señaló que «Ancap ha hecho negocios corruptos y con gente vinculada a la corrupción».
A la vez, como siempre pasa, cuando un grupo colorado se vuelca a la derecha, surge otro de los blancos que le sale a la competencia. En ese plano se ha ubicado el diputado nacionalista Pablo Abdala, quien es uno de los artífices de la operación que aspira a linchar al actual presidente de Ancap, Daniel Martínez, y al ministro de Industria y Energía, Jorge Lepra.
Operación que tuvo y tiene como colaboradores sustanciales a un grupo de periodistas, algunos pertenecientes a Búsqueda y otros que son parte del mismo talante ideológico, quienes están absolutamente convencidos de que están haciendo un aporte a la gran batalla que se disponen librar para dividir a los gobiernos progresistas y sus pueblos.
Operación que tiene estrechos vínculos con la derecha venezolana, donde coordinan cada paso a dar en las distintas esquinas de América del Sur y el Caribe. Esa coordinación, en el caso uruguayo, tiene actores múltiples, ramificados, que operan creyendo que tienen el campo libre para hacer y decir lo que quieren.
Según información que poseemos, la gran apuesta de este grupo de operaciones es rezar para que la CIA arregle con Antonini, con la esperanza de que el extraño personaje monte un nuevo culebrón, con los mismos fines de concretar un enchastre generalizado que salpique a parte del gobierno.
Ayer en la Comisión de Industria, Energía y Minería de la Cámara de Diputados, que recibió al ministro Lepra y al directorio de Ancap, ningún legislador presentó alguna prueba acusatoria contra las autoridades del gobierno. No hubo fotos, ni videos, ni nada, aunque más no fuera para demostrar que se encontraron un día en la Tribuna Olímpica con el enigmático venezolano. Quizás estén esperando que el mandado se los haga otro. Veremos. *
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