Tocaremos el cielo de la tecnología con la manos, pero…

L a televisión abierta digital se acerca a pasos agigantados, aunque incipientemente por cable ya esté en marcha una versión que, más allá de algunos ansiosos teleespectadores, no ha llamado mayormente la atención. Es posible que en poco tiempo los telespectadores, luego de cambiar receptores, incluyéndole sistemas especiales para la recepción, o adquirir otros que se adaptan a las nuevas alternativas de la modernidad, podamos arribar al objetivo de comenzar a recibir programas como el de Marcelo Tinelli u otros del mismo nivel «cultural», en ese sistema, con mejor visión, a lo que se suma una más ajustada definición, un sonido envolvente y sin deficiencias, o asistir a los partidos trasmitidos desde el Estadio Centenario o algunas canchas chicas, en los que ningún detalle se nos escapará.

Habremos tocado el cielo de la tecnología con las manos, habiendo acogido el sistema europeo, norteamericano o japonés (los tres en danza), pese a que de otro lado, el de los contenidos, todo seguirá igual o peor.

Claro que igualmente no podremos, como hasta ahora, enfrentarnos a la imagen más trágica que es la no transmitida. La imagen ausente, censurada: la de los muertos, los heridos, los mutilados. Las vidas humanas. «Ese detalle», como decía Eduardo Galeano.

El ejercicio de ciudadanía es un proceso de aprendizaje al que contribuyen las diferentes instituciones presentes en la sociedad, entre ellas los medios de comunicación. Desde un medio de comunicación siempre se construye ciudadanía: se puede ayudar al fortalecimiento de una ciudadanía activa y participativa o se puede fomentar una ciudadanía pasiva vinculada únicamente con el consumo.

Pero, queda claro, que sin la ciudadanía activa la Nación como conglomerado soberano, no existe. ¿Qué plantea de antemano la televisión digital? Será un mecanismo interactivo, pero para la acumulación, en que cualquier persona -claro, cuando la técnica esté afiatada y la Ursec apruebe la «reglamentación» pertinente (faltaba más)-, pueda desde su sala, con dos o tres órdenes, introducirse en un sistema personalizado e interactivo y observar -pago plus mediante-alguna película no programada en la cartelera general.

Por ello, cuando los uruguayos hemos abandonado en algunos planos nuestra potestad de fijar pautas como Nación para regular ­sin violentar su libertad inherente con la democracia­ a los medios de comunicación electrónicos, cuyas ondas les cedemos a empresarios privados para que hagan sus negocios en los cuales los mismos uruguayos somos nada más que clientes cautivos, es que parece poco seria la discusión que se está verificando en la epidermis de un problema que es esencial para el Uruguay como Nación soberana.

Porque lamentablemente la televisión nacional, próximamente digitalizada, tiene muy poco para ofrecer. Llena los espacios ­cuando puede­ que dejan los «enlatados» argentinos, con una seguidilla de programas periodísticos que, sin duda, son los de más económica producción, mostrando en una señal tras otra el mismo esquema de políticos que repiten los mismos discursos hasta el cansancio. La televisión nacional se ha olvidado, por razones a estudiar, de toda la otra temática y de la que resalta la cultural, sobre la que existe una enorme carencia, por no decir inexistencia.

¿Por qué no es posible reclamar ­al ser las ondas del Estado ­ una contrapartida de parte de los permisionarios de las mismas, que deberían no sólo hacer su buen negocio, sino colaborar, de alguna manera, con temas fundamentales que determinen avances fundamentales en valores vinculados a temas sociales a definir? *

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