La amenaza a Botnia y las Torres Gemelas

Escrito por: ALBERTO SCAVARELLI  - Representante nacional - Partido Colorado

Miércoles 15 de agosto de 2007 | 1:33
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Se amenaza la seguridad y existencia misma de la planta de producción de pasta de celulosa en construcción en territorio de Uruguay, anunciándose que ésta correría igual suerte que las Torres Gemelas en Nueva York y que estaría destruida antes de que se ponga en funcionamiento. Por si fuera poco, agregan que han recibido ofertas de explosivos por parte de experientes grupos violentistas.

Más allá de toda otra consideración, resulta claro que hoy es imperativo realizar de inmediato la denuncia penal correspondiente ante la Justicia uruguaya y simultáneamente ante la Justicia argentina, para que comiencen las indagatorias penales correspondientes, que determinen desde ya los alcances y responsabilidades resultantes de estas gravísimas amenazas proferidas por particulares.

Suponemos que los dos gobiernos y sus servicios de seguridad, ante tamaña proposición manifestada han comenzado a actuar de oficio. Un anuncio así, en medio de ánimos soliviantados y de flaccidez en la aplicación y el respeto del imperio de la ley, no puede ser dejado pasar como si fuera un tema menor, justo cuando la planta se está terminando de construir.

Toda disuasión tiene que ver con la prevención efectiva y la aplicación oportuna de la ley ante una amenaza de este tipo y peligrosidad, que además viene acompañada de anuncios de ingreso ilegal masivo al territorio uruguayo por parte de los asambleístas en piquete, que por estas horas además se autoconvocan en Pascuas en el puente internacional bloqueado, para demostrar su fuerza y su libertad de movimiento y acción sin control ni medida.

Todo esto es muy grave por sí mismo, y sobre todo por la cadena imprevisible de hechos que es capaz de provocar en medio de tanta tensión, alegremente promovida y consentida, desde hace tanto tiempo con documentados hechos y omisiones. Es evidente que se está midiendo la reacción, por eso ésta debe estar sometida al absoluto e infranqueable principio de la aplicación de la ley, la efectiva preservación de la paz y la seguridad públicas.

Si eventualmente la amenaza se cumpliera, aun en grado de tentativa, o existieren planes o actos preparatorios, las responsabilidades de quienes debiendo intervenir y prevenir no lo hubieran hecho en tiempo y forma serían enormes y ni pensar adónde se llegaría si estas acciones afectaran la vida o la integridad física de las personas.

Debe demostrarse con claridad a quienes lanzan propuestas de radicalidad creciente, que ése no es el camino, y que la ley y las fuerzas de seguridad de cualquier Estado que quiera ser llamado de derecho, están atentas para prevenir y reprimir cualquier acto violento contrario al orden jurídico nacional e internacional.

La chispa es buscada con ahínco por algunas personas, percutiendo una y otra vez las piedras de la torpeza del mal manejo y de la provocación permanente, hasta ver si la chispa finalmente salta y enciende la explosiva situación tornándola en peligrosamente inmanejable.

Los dos presidentes no se hablan, sus ministros se agreden o se ignoran, el mediador que no es mediador sino facilitador genera escenarios reales, a los que se les posterga la fecha y se anuncia que no saldrán de allí soluciones efectivas a la crisis.

Se anuncia, se vaticina y se especula con que el fallo de la Corte de La Haya será meramente declarativo y efectivamente inaplicable por falta de acatamiento y de vocación de coercibilidad de quienes tienen el deber de cumplir y hacer cumplir las leyes. Desde ya que casi nadie cree que, sea cual fuere el fallo para la sobreexcitada población en piquete en Gualeguaychú, éste se aplique en plenitud.

Por otra parte, los piquetes argentinos se expanden desde Gualeguaychú avanzando a Buenos Aires, mientras Argentina en clima electoral asiste a hechos violentos y otras protestas de dramáticos resultados. En consecuencia, es difícil confiar en que se haga cumplir la ley y cada desborde deja en mayor libertad de acción a los más exaltados, que creen que la omisión del gobierno argentino es una señal directa e inequívoca de apoyo por omisión.

Uruguay debe poner los hechos en conocimiento formal de la Justicia penal de ambos países, las amenazas específicas ya hechas públicas y cualquiera otra información de que disponga, para que ésta actúe de inmediato. Quizá sea el camino para establecer límites efectivos y para decir con claridad que todos estamos sometidos al mandato inexorable de la ley.

La persona que realizó estas amenazas debe ser sometida a la Justicia de inmediato. Es tiempo de que la Justicia comience a actuar, para encausar estas acciones que cada día más van quedando fuera de control, y que todos tememos pueden terminar en cualquier parte, pero en ninguna buena.

Se informa con absoluta soltura, casi como si fuera broma, que se ha ofrecido a los piqueteros argentinos información, tecnología, logística y medios para hacer explotar la planta en Río Negro. Y todos tan campantes.

¿Qué pensarán las aseguradoras internacionales de todo esto? Seguramente debemos estar acercándonos a una categoría de riesgo muy alto, tanto como las zonas más peligrosas del mundo, porque dentro de poco ya no seremos riesgo asegurable, en medio de tanta locura.

Cómo se protegerá a las personas que trabajan o viven cerca del lugar a dinamitar por la demencia del piquete procurando por miles, según se anuncia, cruzar el puente internacional rumbo a Uruguay. Sería a todo esto que se referían los que desde las dos márgenes del Plata coincidentes proponen armar a los civiles para “defender” los recursos naturales del país. Por favor, necesitamos un aporte urgente a la cordura.

Todo esto es absolutamente inadmisible, por eso debe forzarse el camino de la ley, porque después solo queda la barbarie, en la que nadie tiene nada para ganar y sí todo para perder, sobre todo la civilización que hasta ahora creímos tener en alto grado ambas naciones.

Es tiempo de aportes constructivos, de olvidarse por un momento de actuar mirando a la tribuna y dejando este tema fuera de los propósitos electorales. La historia, si es que mira hacia estos lados, registrará los aportes efectivos a la paz y no a otras proposiciones dislocadas.

Sin duda que estos disparatados anuncios no son acompañados por la enorme mayoría de los argentinos, pero también es cierto que alcanza que tres personas por cada millón de habitantes de la Argentina emprendan alocadas acciones de este tipo, para que estemos en medio de un problema de dimensiones muy complejas de administrar.

Como publicamos hace exactamente un año: “En medio de la crisis es fácil ser un agitador, lo difícil es ser un pacificador”. Lamentablemente, cada vez más esta máxima toma vigencia y a todos nos debe preocupar y ocupar en procura de una efectiva solución y prevención. El problema es que todos están muy apurados y estos asuntos como siempre sucede con las cosas importantes de la vida internacional, requieren de paciencia, firmeza, comprensión y profesionalidad, todo en el marco de una muy inteligente y sacrificada negociación.

El fallo de La Haya se aproxima inexorable, la planta está prácticamente terminada y próxima a comenzar a operar y en medio está la invalorable oportunidad que generoso y arriesgado ha puesto a disposición de los dos gobiernos rioplatenses el experimentado rey de España. Esta oportuna instancia facilitadora en España debe ser aprovechada al máximo por los dos gobiernos, porque el tiempo corre y no se ven hoy otras oportunidades ni escenarios mejores en un futuro próximo. *

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