Escrito por: HECTOR GUGLIA - Integrante de la Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano
La realidad de nuestro pequeño Uruguay, cada vez más identificado con los países del Tercer Mundo y especialmente con nuestros hermanos latinoamericanos y los desafíos que marcan los avances de estos tiempos, nos comprometen a buscar respuestas innovadoras y alternativas en el plano social, económico y político; y nos exigen una profunda reflexión de conocimiento y de responsabilidad de hacer propuestas concretas, posibles y que confirmen una unidad globalizante para esbozar soluciones y anunciar un proyecto alternativo de país.
Entendemos que producir y construir son actos necesarios de la especie humana y comprendemos que ante los recursos escasos y la multiplicación de las necesidades humanas, la actividad económica es cada vez más decisiva para el futuro de nuestro país, por lo mismo, debemos plantearnos alternativas y no someternos a los procesos económicos y hechos actuales.
Las realidades no son inmodificables y los procesos económicos no son definitivamente ciegos.
En la situación actual es aún más exigente plantearse alternativas válidas ya que, frente a la afirmación de que la economía es como es y que no puede ser condicionada por contenidos sociales y decisiones políticas, es urgente rescatar el sentido genuino y la finalidad propia de la actividad económica.
En un mundo de cambios acelerados, profundos y hasta insólitos es alentador que asumamos la responsabilidad histórica de plantear cambios necesarios en el quehacer de la economía de nuestro país.
Sabemos que el fenómeno económico es cada vez más un hecho nacional e internacional y entendemos que la globalización, mundialización y trasnacionalización no niegan las particularidades económicas de ciertas regiones.
Por lo tanto, a nivel nacional, es oportuno plantearse el funcionamiento de una economía eficiente con responsabilidad social. El Uruguay tiene condiciones y posibilidades para ello. Nuestro compromiso es con la realidad, estamos convocados a aportar algo diferente para el desarrollo de nuestro país y esto conlleva a la necesidad de desarrollar un sistema económico alternativo.
Sabemos que cualquier economía debe resolver problemas que al mismo tiempo son simples y complejos como son:
–¿qué produce y para quién se produce?
–¿cómo se produce y para quién se produce?
–¿cómo se produce?
–¿dónde se produce (departamentos, zonas, localidades, sectores).
–¿qué se distribuye y cómo se distribuye?
–¿quiénes acumulan, cómo se acumula y cómo se utilizan los excedentes?
Sabemos también que un ordenamiento socioeconómico debe ser capaz de organizar la economía nacional de nivel micro y macro jugando mercado-Estado y al conjunto de la sociedad y afrontando los riesgos y beneficios de la competencia y la cooperación necesaria.
Afirmamos es necesario desarrollar:
Una economía diferente capaz de solucionar las necesidades de producción y distribución de bienes y servicios en la sociedad; con contenido social, que el fin de la economía es la satisfacción de las necesidades de todos los habitantes de un país y no que se beneficie solamente a una minoría de la misma; de libre competencia, pero de competencia efectiva y no amañada en monopolios y/oligopolios; con intervención estatal, tanto cuanto sea necesario, de manera de resguardar el bien común y el desarrollo integral; con participación de la sociedad civil, especialmente a través de sus expresiones organizadas de trabajadores, consumidores, como del ciudadano común. Alentamos una economía de participación.
Creemos en una nueva economía que sea capaz de perfilar una nueva meta de llegada; más allá del monetarismo y del individualismo, ya que sabemos, en su meta deshumanizante: la maximización de los beneficios.
En nuestro Uruguay hoy estamos convocados a redefinir y repensar la ciencia económica que, al carecer de medios selectivos, facilita la importación hasta de productos indeseables, destruyendo nuestro actual equipamiento productivo.
En nuestro país, Uruguay, hoy estamos convocados a repensar la ciencia económica, a redefinir sus fines y sus medios, y a situar más claramente, el protagonismo de los sujetos y agentes económicos.
En este tiempo histórico hoy estamos convocados, tenemos que saber qué tipo de sociedad queremos para los próximos 25 años.
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