P olémicas decisiones políticas en los gobiernos anteriores, la brutal crisis de 2002 que determinó el descalabro de buena parte de la banca nacional y despidos en la de procedencia extranjera (crisis que dejó 3.500 trabajadores en la calle), han hecho que la Caja Bancaria, antigua tabla de salvación del sector de los trabajadores del sistema financiero, comenzara a naufragar. Desde 1998, la Caja Bancaria ha tenido que recurrir a sus reservas para afrontar el pago de sus obligaciones, entre las que se incluyen las pasividades (jubilaciones, pensiones y Seguro por Desempleo) que cubren las necesidades de 18.000 familias.
Actualmente, quienes tributan cada mes no son más que 12.000 personas, por lo que la relación entre éstos y aquellos es mucho menor y está muy lejos de la histórica correspondencia entre siete activos por un pasivo en la próspera década de 1940. Los problemas ya habían comenzado en la dictadura por la reforma del régimen jubilatorio instaurada por el Acto Institucional Nº 9 y la redefinición del ámbito financiero. Por el primero, ingresó al amparo de la caja un sinfín de empleados provenientes de otras ramas de actividad que, tras aportar aunque fuese un día, podían retirarse con los beneficios que un bancario recibía luego de 35 años de trabajo. A esto se sumó que varias empresas del sector fueron obligadas a traspasar sus aportes a lo que en el momento se llamaba la Dirección Nacional de la Seguridad Social (hoy, Banco de Previsión Social).
La pérdida del campo afiliatorio se agudizó en 1992 con la creación de las Administradoras de Fondo y Ahorro Previsional (AFAP), de cuya ley quedaron excluidas las cajas paraestatales y los servicios de retiro policial y militar. Diez años después, la CJPB recibió otro duro golpe: de un día para el otro, la crisis de 2002 dejó a 3.500 trabajadores en la calle. “Fue la estocada final”. Hoy, sus números rojos suman 76 millones de dólares de déficit anuales y sólo le quedan ahorros para aguantar hasta marzo de 2008.
El subsecretario de Economía, Mario Bergara, afirmó hace pocos días que la Caja Bancaria tiene un problema financiero grave a solucionar en el corto plazo que es su déficit de 76 millones de dólares anuales. Dijo que para ello se está trabajando y el Estado podría participar parcialmente con el aporte de fondos.
Además, Bergara indicó que el problema de fondo es que hay menos de un activo cotizando por cada pasivo y para que la Caja Bancaria sea sustentable no hay otra salida que modificar cuatro o cinco grandes parámetros actuariales, entre ellos la edad mínima jubilatoria.
En este sentido, el jerarca subrayó que se está trabajando con un horizonte de corto plazo para implementar las soluciones y que se sigue negociando con las partes, incluyendo AEBU. “La caja ya tiene un déficit financiero mensual importante, reitero que este año van a ser 76 millones de dólares y se está cubriendo con sus reservas, o sea que no es un cálculo demasiado complicado el ver cuánto van a durar las reservas de la caja a este ritmo de déficit. A su vez, la caja tiene algunos activos en el área forestal que también podrá utilizar para cubrir su déficit. Pero de todas maneras, en cualquier caso, estamos hablando de un horizonte temporal corto”, explicó Bergara.
Por su parte AEBU ha iniciado movilizaciones buscando soluciones para esta institución, reclamando que los trabajadores de las Cooperativas de Ahorro y Crédito que hoy tributan al Banco de Previsión Social comiencen a hacerlo a la Caja Bancaria, como forma de refinanciar su fondo financiero. Sin embargo, el tema no es fácil, existen diferencias demasiado agudas en la relación entre cantidad de pasivos y activos que, aunque se lograran estos cambios en el destino de esos fondos mantendrían una relación que seguiría haciendo difícilmente viable a la institución. *
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