Los señores de la tierra están enojados

Afirman que nada tiene más fuerza que una idea justa. Vale recordarlo ahora, que algunos dirigentes se transformaron en verdaderas usinas de ideas: hablan sobre qué debería hacer el gobierno, o qué harían si lo fueran, ideas que pretenden llevar a la práctica luego de las próximas elecciones.

La variedad, extensión y colorido de la fronda hacen que podamos, en todo caso, tratar de ver alguna ramita, hoja o flor. Un gajito, a lo sumo. En ocasiones, sólo un pétalo podrá obtener atención suficiente de nuestro teclado (pluma no se usa más).

Vivimos en un mundo vertiginoso; analizar los acontecimientos es complicado, mucho más si se trata de prestar la debida atención a las cosas que se dicen.

Vamos por partes. El doctor Carlos Torterolo, directivo de la Asociación Nacional de Productores de Leche (que nuclea menos de 2.000 productores, pero de los «grandes»), señaló que la rentabilidad por hectárea del sector se había visto afectada por el aumento del precio de los campos. En realidad, el sector lechero presenta un incremento de la rentabilidad por hectárea de los más altos, en un panorama de rentabilidades agropecuarias en alza vertiginosa. Pero si la tierra aumenta su valor muy rápidamente, la rentabilidad creciente por hectárea se puede transformar en una pérdida de rentabilidad… pero sólo en relación al capital que se tiene.

Si usted no entiende de qué se queja este buen señor, somos dos, pero lo dijo. Si la tierra vale mucho y las vacas valen mucho, él quiere ganar de acuerdo con el capital que tiene: así lo siente.

Cuando se dio cuenta de que lo escuchaba mucha gente que está en la lamentable situación de no ser afectada por la reforma tributaria (¡si ganarán poco!), suavizó sus afirmaciones: «Hay que decir que el campo pasa por un buen momento».

Hay un fuerte aumento de la rentabilidad de «casi» todos los sectores del agro. Porque la pequeña granja familiar sigue con graves problemas, los pequeños viticultores siguen como si la reconversión no hubiera sido todo lo exitosa que se dijo que fue y hay algunos otros que parecen «empecinados en vivir mal». Esta categoría de «campesinos fracasados» es la misma de muchísimos pequeños productores familiares: simplemente son pobres.

Hay que saber, para explicar lo que sigue, que este gobierno exoneró de contribución rural a los predios más pequeños. Juan Chiruchi es, además de intendente de San José, un fuerte productor rural (nadie sabe muy bien cuánto tiene, dicen que mucho): pero se puso furioso ante la mera posibilidad de que se revisara la contribución rural. La tierra tributa por una décima parte del valor que tiene, pero los grandes productores viven quejándose de la posibilidad de tener que colaborar con algo más para atender las muchas necesidades de la sociedad. Cuando pasaron una mala situación, se les contempló de múltiples formas, pero ahora no es fácil pedirles nada. Se ponen como bichos, se ponen.

Lo anterior no significa, para los capitalistas rurales, inconveniente para pedir simultáneamente que se baje el costo del Estado y se tengan las escuelas abiertas 365 días por año.

Esas escuelas son las mismas que usaron trabajo prácticamente esclavo para la cocina y la limpieza, de mujeres a las que las Comisiones de Fomento pagaban lo que podían, que era prácticamente nada. Se las incorporó como funcionarias, en este período, con el consiguiente aumento del costo del Estado. Tienen un salario un poco más razonable, licencia, aguinaldo, derecho a enfermarse y derecho a una magra jubilación… algún día.

Eso pasaba en la salud, en la que también faltaban (y siguen faltando) médicos, personal técnico, equipamiento, edificios adecuados y hasta ambulancias.

Todo esto pasa en un país donde algunos esgrimen las varitas mágicas y reclaman lo que no fueron capaces de construir antes. Reclaman con razón. A los pobres hay que cobrarles menos y darles más y mejores servicios. También hay que pagarles mejor cuando les toca ser peones. Como hay que pagarle a maestras y maestros para tener educación, a policías para tener seguridad y a enfermeras y enfermeros para tener atención de la salud. Un buen Estado no puede ser barato, sí puede ser eficiente.

Pero si no se le puede sacar una parte importante del ingreso a ese 2 o 5% más rico de la sociedad, si tampoco pagan los inversores extranjeros porque los corremos, ni es lógico que «desanimemos a los jóvenes emprendedores»; terminan pagando los mismos que pagaban con los gobiernos anteriores. Todo puede cambiar, para que nada cambie realmente. Hay que querer y hay que poder.

Caminamos hacia la polarización y el enfrentamiento que significan los cambios, o hacia la frustración que traería un nuevo gobierno de derechas. Yo elijo, tú eliges, él elige, nosotros elegimos… *

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