La equidad en el sentido aristotélico
V ivimos en un período en el cual la palabra equidad abunda en el léxico de gobernantes, prensa, técnicos, hombres de negocios, gremialistas, etc. Sin embargo, las definiciones de ese término son tomadas algo a la ligera y, en ocasiones, se manejan elementos que rompen con ese mecanismo democrático que se quiere implantar como valioso denominador común de la sociedad, convirtiéndolo en letra muerta, sin advertir además que con algunas acciones extremas se violan otros derechos, inclusive los tan mentados derechos humanos.
Aristóteles consideraba lo equitativo y lo justo como una misma cosa; pero para él, aun siendo ambos buenos, la diferencia existente entre ellos es que lo equitativo es mejor aun. Para el Diccionario de la Real Academia Lengua Española, la equidad es contemplada como la «bondadosa templanza habitual; propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley»; a la vez, se define como «justicia natural por oposición a la letra de la ley positiva». Por lo tanto, dentro de la definición de este principio encontramos referencias a lo justo, a la justicia. Sin embargo, justicia y equidad son conceptos distintos.
Por eso, cuando la Justicia le niega a dos pacientes que el Casmu les provea de un medicamento que eventualmente les podría salvar la vida o, en todo caso, prolongársela, y esto dicho no por los «marketineros» de los laboratorios, sino por congresos científicos del más alto nivel realizados en EEUU, Europa y Australia, quizás dentro del mecanismo del trámite judicial se haya actuado con relativa corrección, pero en el fallo no hubo equidad, porque aquí había un derecho mayor, el de defensa de los derechos humanos y ese fallo debió medirse por la magnitud de lo que el mismo define, que no es sólo que el Casmu tiene o no el derecho de brindar la medicación, sino indirectamente y eventualmente a condenar a acortarle la vida a los pacientes. Si el juez se hubiera dejado guiar por la «bondadosa templanza de la conciencia» y no por las prescripciones rigurosas de los mecanismos formales y en este caso, más que eso, burocráticos, ello no hubiera ocurrido.
Que se diga que una mutualista tiene el derecho a desatender a sus pacientes aunque los medicamentos que la ciencia a nivel mundial dice que son los adecuados, porque una Comisión del MSP se reúne una vez por año y todavía no llegó la fecha de hacerlo, es algo demasiado duro para reseñarlo en un país en donde la equidad se busca en el sentido aristotélico, cuando paralelamente se anuncia que los funcionarios públicos y los jubilados que ganan los sueldos y reciben las prestaciones más bajas, se podrán atender de manera gratuita en el sistema de salud.
Los frenteamplistas deben defender sus conquistas, ese camino hacia la equidad que, evidentemente, debe ajustarse a todos los requisitos de la ciencia moderna. Como dice muy bien el juez Eguren en su fallo denegatorio, no es posible que una Comisión que es la que acepta el engrosamiento del Vademécum, en el sigo XXI, cuando el avance de la ciencia es tan espectacular, se reúne una vez al año. Y agregamos nosotros, una vez al año a partir de un decreto de 2006, pues en los años anteriores se reunía cada seis meses.
Este es un tema de fondo que exige que todos tomemos partido. Especialmente un tema para que sea analizado por los comités de ética y se deslinden claramente las actitudes de muchos protagonistas de la salud de señalar a los laboratorios como responsables de un marketing excesivo, que existe, que es un mal, pero que no es el desencadenante de este caso. Parecería evidente que los enfermos uruguayos tienen que ser tratados en base a los recursos del más alto nivel científico, para eso pagan la cuota en las mutualistas, les descuentan de Disse, aportan al Fondo Nacional de Recursos, etc. Es la gente la que hace funcionar a todo un sistema de salud que muchas veces se dice que está mal administrado y peor organizado.
Sin embargo, hechos como el reseñado, que debe haber ocurrido más de una vez sin haber trascendido a la opinión pública, deben llamar a la reflexión, porque no tienen nada que ver con el país que queremos construir. *
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