El desastre de la exclusión sistemática

Comparto este artículo sobre el acelerado proceso de exclusión social latinoamericano, herencia evidente de las políticas fondomonetarias de finales del siglo veinte, y que aún hoy, se siguen manteniendo. En los comienzos de los noventas éstos mismos pseudotécnicos nos hablaban de imposibilidad fáctica que cualquier modelo económico pudiera tan siquiera acercarse hacia el pleno empleo. El pleno empleo era una utopía, y como tal inalcanzable. Así entendido todo el sistema debe saber soportar, tolerar, «administrar» porcentajes aceptables de subempleo, desempleo, abierto, encubierto, temporal, permanente, etc. Una vez instalado el sistema, y aceptado socialmente una porción de desempleo, comienza a surgir una nueva categoría, los «inempleables». Un nuevo segmento de todas las franjas etarias y geográficas, que según éstos mismos pseudotécnicos de organismos internacionales, «ya no podrán ser absorbidos» por el sistema porque el sistema no tiene lugar laboral para ellos, serán sujetos solamente de la alguna forma de acción de emergencia, casi de caridad y que no contagien su incapacidad, pues nunca alcanzarán la sociedad del conocimiento, y no tiene sentido gastar donde no habrá resultado. Es decir, que ya no hablar de pleno empleo, pero tampoco de desempleo temporal, y capacitación mediante la integración. No. Ahora, los inempleables, y esto quiere decir, que la sociedad, nuevamente a través del este nuevo sermón, debe comenzar a tolerar, absorber, «administrar» porcentajes aceptables de «inempleables», etc.

Y como el sistema sigue vigente, y por lo visto, éste sigue en su dinámica de exclusión, ahora surge, un nuevo segmento o categoría, los «inexistentes», es decir, no solamente desempleados, no solamente sin llegar a lograr subempleo, no solamente sin poder acceder al más mínimo soporte social, sino que llegamos a un segmento en que el estado, ya no logra tan siquiera «divisar», y aún peor, tampoco los desea ver más.

Este segmento, puede llegar a ser tan molesto, que el mismo estado desee comenzar a eliminar, y no de las estadísticas sociales, y muy probablemente, establecer medidas de eliminación reales.

Y por más que en el Paraguay, siga sirviendo el discurso de la «estabilidad macroeconómica», del «país de las maravillas», para engrupir giles, alabando un sistema que puede criar y exportar más de 15 millones de cabezas de ganado, aunque tanga a las dos terceras partes de su población de seis millones de almas, por debajo de la línea de pobreza.

Seguramente, para estos pseudotécnicos del BM, FMI, de la categoría de «inexistentes», se tendrá que pasar a la de «inexistentes definitivos, o bien definitivamente eliminados». Así efectivamente, y por la vía atroz, logren reducir en términos absolutos los hoy cuatro millones de pobres, y tal vez así, logren una nueva «plusmarca macroeconómica», que permita criar de veinte o hasta treinta millones de cabezas de ganado.

Me imagino que el gran dilema para el sistema neoliberal que se está estableciendo en el Paraguay, que solamente es válido para una población humana de diez mil o cincuenta mil personas, con treinta millones de cabezas de ganado, diez millones de toneladas de soja, veinte millones de kilovatios de electricidad, es ¿qué hacer? con los seis millones de seres humanos sobrantes. *

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