El preciso destinatario

Sin saberlo nosotros mismos, ya le habíamos contestado al doctor Alberto di Candia («Imperialistas y resistentes», 25 de octubre) por lo cual esta nota sería sólo un esfuerzo de reiteración que tiene algo de dialelo o círculo vicioso referida a argumentos anteriores.

Según infiero, el citado abogado maneja los valores establecidos y promediales difundidos por los media sin aparente espíritu crítico –dicho esto con el mayor respeto– de tal manera que eso lo lleva a satanizar a todos cuantos satanizan los media del imperio. Nos referimos a los satanes del mundo que nos toca vivir y que serían los Mao, Pol Pot, Stalin, Hussein, Jomeini, Milosevic y otros no enunciados pero conocidos.

Todos ellos en mayor o menor medida, «monstruos reprobables, fundamentalistas, fanáticos, nefastos, corruptos, fraudulentos, déspotas, antiyanquis, racistas» (sic) etcétera, según las normativas que se elaboran en los EEUU precisamente y a las cuales el doctor di Candia se ajusta sabiéndolo o ignorándolo pero con idéntica adjetivación.

Cuando en un comienzo decíamos que ya le habíamos contestado, nos referíamos a algunos pasajes de nuestra nota anterior («Perfidia de las denominaciones», 22 de octubre) donde tratábamos de hacer el diagnóstico del modelo de concepción ideológico-política que el doctor Di Candia parece representar.

Escribíamos entonces que (…) «este imperio actual que se apoya en su fuerza, maneja paralelamente otros métodos, entre ellos las técnicas monopólicas de penetración ideológica, ofrecidos por los media y en especial por una televisión subordinada en casi todos los países del mundo, Uruguay incluido, para difundir y defender una cosmovisión o sistema de valores que pasa por alto toda herencia cultural local, específica y diferente, histórica o patriótica, o bien se afana por rebajarla, a la vez que liquida todo espíritu crítico», y agregábamos que (…) «Todo queda sometido a un sistema de fórmulas y valores imbécil, inculto, inmediatista y disneyniano que resulta realmente asfixiante e insoportable para toda persona pensante o sensible».

Más ajustada descripción de la posición expresada por el doctor Di Candia es imposible al menos para nosotros, lo cual no quita que podamos plantearle algunas interrogantes.

Empecemos por Mao. ¿Quién fue sino Mao el líder y motor de la liberación de China que culmina en 1949? ¿Ella no fue acaso una liberación total de aquel gran país contra el yugo de los imperios de turno?

¿Qué fue la Revolución Cultural sino el instrumento popular de la lucha de Mao ante el avance de los restauradores del capitalismo dentro de PCCH? Un esfuerzo que no consiguió los frutos deseados porque la camarilla de Deng Xiaoping, Pen Chen, Ian Zenmin y otros ya habían penetrado al partido chino y acabaron ganando la batalla a la muerte del líder revolucionario. Todos sabemos que con ellos –Deng a la cabeza– empezó el nuevo capitalismo reimplantado en aquel enorme país, después de una aurora revolucionaria lamentablemente abortada.

Pero, aunque referido a circunstancias de mi vida que ocurrieron en aquellos momentos y lugares mismos, se trata de un tema para analizar en profundidad y no para elucidar ante un planteo ya conocido, acrítico y ahistórico.

En cuanto a los otros «satanes» de la historia evocados por Di Candia, ellos serían los prototipos de los «enemigos de la civilización» (occidental y cristiana, por supuesto), es decir los ejemplos de las formas de vida que hay que combatir, entre ellos el islamismo visto como espejo del fanatismo, viejo lugar común del mundo cristiano y europeo.

Nada importarían los contextos, antecedentes y detalles históricos, culturales o religiosos de los diversos países del mundo, ante los modelos apadrinados hoy por los EEUU y sus seguidores más o menos encubiertos o visibles.

¿De dónde proviene Hussein? ¿Qué significa Jomenini en su momento? ¿Cómo es posible defender y entender a Stalin en su circunstancia histórica? ¿Quién fue Pol Pot?, etcétera.

Para los enfoques condicionados como los del doctor Di Candia, ya están dadas todas las respuestas que, ¡oh casualidad!, son exactamente iguales a las de los voceros del imperio, pese a que él se manifiesta crítico respecto a aquél.

Según esos valores, nosotros, el mundo occidental capitaneado por los yanquis, somos el canon, la pauta, el modelo, la democracia, la cultura, el porvenir, y a todo otro sistema de valores hay que corregirlo sea con los bombardeos militares, como lo hemos visto reiteradamente, o con el bloqueo. Todo lo cual puede creer y sostener o no el doctor Di Candia, pero quienes ejercen el espíritu crítico y manejan la información actual e histórica, no pueden compartir tales ideas en absoluto.

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