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La pequeña zona donde apareció el brote de aftosa está aislada y el departamento de Artigas está más marginado que nunca. La lejanía del centro de poder central hace de nuestro departamento cimero una entidad casi extraña, y es necesario que una catástrofe acontezca en él para que nos demos cuenta de que existe y que tiene importancia en el conjunto nacional.

La vivencia de esa lejanía la sienten –como contexto de sus concretas dificultades actuales– los pobladores de Artigas, y los de la zona directamente afectada la perciben con una especial ferocidad.

Es necesario tener noción de lo antedicho para poder valorar la importancia de cualquier tipo de ayuda que los pobladores reciban en el momento. Y no es de extrañar, entonces, que una espontánea manifestación de autoayuda sea convergente con la ayuda oficial que desde Montevideo se haga llegar.

Serán algunos millones de pesos los que el gobierno central enviará para que los productores –casi todos pequeños– puedan repoblar sus campos. Hay, para ello, una cuenta de más de 13 mil millones –previsora– en el Banco de la República.

Esto ayudará en algo. Mucho más ayuda es el apoyo mutuo que la gente del lugar ha constituido, y la asistencia, el apoyo, la presencia de las autoridades municipales de Artigas, serán sin duda la energía renovadora que mantendrá la vida del lugar y renovará impulsos y esperanzas.

Vale y mucho, un comité de Crisis en Artigas; nos debe alertar siempre de la distancia en que tenemos a esos compatriotas de nuestro límite cabecero.

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