Algunas claves de la producción agropecuaria
E l tema del afincamiento del hombre en el campo es polémico, por cuanto las tendencias actuales del mundo globalizado muestran una explotación agraria altamente tecnificada, en donde el campesino como tal tiende a desaparecer, alejado de su labor por grandes empresas que realizan las tareas de siembra y recolección.
Sin embargo, todavía en el mundo desarrollado se muestran nuevas formas de afincamiento en el campo de quienes se mantienen realizando tareas vinculadas no directamente a la producción, sino que transforman los productos primarios verticalmente (bodegas, empresas lácteas, elaboradoras de productos llamados «de granja», etc.), concentrándose también en zonas de mediano porte poblacional, los frigoríficos, etc.
Hace dos semanas se realizó en Montevideo un encuentro de la Federación Latinoamericana de Mercados Alimentarios, dentro del cual el mercado montevideano fue partícipe. La Federación está integrada con representantes de toda América Latina y ahora se están sumando delegaciones de América Central, participando de ella un representante del Mercado Modelo, que hizo una interesante exposición sobre el punto que, lateralmente, tiene relación con la polémica central planteada.
Uno de los temas que estuvo sobre la mesa es el de la planificación, explicándose que se está discutiendo a nivel granjero cómo dar herramientas de producción y canales de comercialización para afianzar en la tierra a las familias y poder visualizar un plan de abastecimiento que no concentre la producción en pequeños grupos de grandes productores».
Hasta ahora lo ocurrido ha sido la concentración de la producción granjera en pocas empresas, con un deterioro del afincamiento de la familia en el campo, población que se ha reducido a un número ínfimo, lo que muestra la magnitud del proceso de concentración y atracción de las ciudades. Proceso que no es nuevo en el Uruguay y que muestra además del reacomodamiento económico productivo, un cambio profundo en la propiedad de la tierra y la aplicación de nuevos métodos de producción.
La producción de soya, como sabemos, exige alta tecnificación, pero a la vez escasa mano de obra. Sólo la introducción de las empresas especializadas en siembra y en cosecha. Tras de ello se realiza el transporte al puerto desde donde se exporta el cereal, generalmente trabajado «a granel», lo que determina que en esas zonas sojeras la mano del hombre sea cada vez más escasa.
Con otros cereales la situación que se vive es parecida, por lo cual el modo de producción «moderno» tiende a expulsar al campesino que, lamentablemente, es difícil que encuentre amparo en otra actividad similar en la zona, por lo que debe emigrar hacia las ciudades.
La producción forestal también exige poca mano de obra, y la ganadera que se realiza de manera extensiva, también.
La otra cara de la moneda está en la producción granjera, esa que generalmente se realiza en campos fértiles cercanos a las ciudades, en que la producción de frutas y hortalizas se hace fundamental para la alimentación. Ese tipo de producción necesita todavía, pese a que la tecnificación también está sustituyendo paulatinamente al hombre, de mano de obra.
En años como el que corre aparece el problema de la soberanía alimentaria que, según se sostuvo en la reunión de que informamos, es uno de los temas que tiene en agenda la Federación «sobre todo en América Latina que es una zona que se visualiza como proveedor mundial de alimentos en lo que tiene que ver con frutas y hortalizas».
Por todo ello, más allá de los temas coyunturales, es evidente que todos los sectores vinculados a la producción se deben una profunda reflexión sobre estas cuestiones.
Si no resolvemos algunos de estos problemas seguiremos como ahora, sobreviviendo dentro de un mar de contradicciones e insalvables dificultades productivas. *
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