El inspector evaluó positivamente al maestro
El gobierno está ayudando al tratar de mejorar la competitividad con la devaluación un poco más rápida que la inflación, el control del gasto y una política salarial restrictiva».
Ante esta afirmación del jefe de misión del FMI, cabría preguntarse a quién está ayudando el gobierno, aunque la respuesta es obvia: ayuda a quienes el FMI está interesado que lo haga. Al sector financiero internacional, a las grandes corporaciones transnacionales y a los importadores.
Una segunda interrogante podría ser cómo es posible que la demoníaca idea de acelerar el ritmo devaluatorio sea aplaudida por un técnico internacional. Según recuerda nuestra frágil memoria, cada vez que un dirigente gremial (agropecuario, sindical, etcétera) o un economista no alineado con el gobierno hablaba del tema, era perseguido por la «inquisición estabilizante». Sin embargo, el alto funcionario internacional no sólo nos «aviva» a los desprevenidos que eso que tanto criticaban los economistas del gobierno ellos lo están haciendo: están corrigiendo el «atraso cambiario» y además tienen la bendición del FMI.
Los comentarios del jefe de la misión sí que son preocupantes.
La evaluación parece la de un inspector a un maestro escolar, en la que el inspector parece muy preocupado en el cumplimiento del «programa» y nada preocupado en si los alumnos aprenden o no.
Demasiada concentración en controlar el gasto de tizas, de hojas de garbanzo, de lápices, y casi nulo interés en el avance del proceso de aprendizaje de los alumnos.
Poco énfasis en saber la situación del conjunto de la clase, obsesionado con que «algunos» aprueben y, sobre todo, en el cumplimiento del programa.
Pero lo más sorprendente de esta misión es lo novedoso, lo posmoderno, algo nunca visto ni en nuestro país ni en otra parte del mundo, una primicia total: un método «nuevo» para mejorar la competitividad. Exactamente, Bob –bondadosamente– nos proporciona la receta: «El gobierno tiene un muy difícil pero importante trabajo en tratar de moderar las políticas salariales».
Como soy consciente de que esta fórmula es la primera vez que la gran mayoría de los trabajadores uruguayos la conocen, intentaré desarrollarla para hacer más accesible su contenido.
El amigo Bob le sugiere al «maestro» Alberto que modere las políticas salariales, o sea que no es suficiente con incumplir el acuerdo preelectoral del 9 de noviembre en lo referente a la enseñanza, a la rebaja del impuesto a los sueldos, a la promoción de la capacitación continua de nuestros trabajadores. Tampoco alcanza con aconsejar al sector privado que rebaje los salarios, sino que debe moderar aun más las políticas salariales: lo que significa lisa y llanamente que Bob está sugiriendo una rebaja salarial más profunda. Esta fórmula para mejorar la competitividad sí que es novedosa. Según dicen, en la libreta de inspección le estampó un «persevere en la rebaja salarial, que usted puede».
Por suerte, en nuestro país se generan cosas más altruistas y lentamente se va tomando conciencia de los graves perjuicios que nos generan las leyes de «urgencia», los presupuestos castrantes de las esperanzas. Leyes que no sólo perjudican a los trabajadores sino también a la gran mayoría de los uruguayos y uruguayas que viven (o intentan vivir) de su trabajo.
Cada día que pasa, cada paso equivocado que va dando el gobierno, hace más necesaria la generación de un gran movimiento en defensa de la producción y del trabajo nacionales.
Es hora de que el «déficit social» aparezca en los balances del gobierno.
* Representante de los trabajadores en la Junae
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