Confrontaciones

Las declaraciones del ministro de Economía, Danilo Astori, ante un selecto y poderoso auditorio en Buenos Aires, fueron reiteradas en Uruguay. El estilo «confrontativo» del gobierno Venezolano no le gusta y considera que no ayuda a la integración regional, ni a las negociaciones de ésta con la Unión Europea o los Estados Unidos.

¿Cuánto hay de ideológico en la economía mundial?

Hay que analizar cuánto pesan los intereses de grandes compañías trasnacionales, tantas veces contradictorios, con los de la gente. En qué medida, cada gobierno y cada gobernante consideran las necesidades de las mayorías, o los intereses del gran capital.

Es legítimo que el gobierno de Venezuela apueste a un modelo de integración solidaria, que mire más allá del ‘tome y daca’ de los intereses materiales egoístas. También es comprensible que se intente descalificarlo. Los conflictos que la defensa implícita de intereses contrapuestos desata son, sin dudas, confrontaciones ineludibles.

Si se considera el papel que juega la imposición brutal del más fuerte, en las relaciones internacionales, las estrategias económicas se tiñen necesariamente de un trasfondo político. Y las políticas aparecen como subsidiarias de los intereses y proyectos económicos. ¿Acaso la globalización contemporánea no está supeditada fuertemente a los juegos de poder? Los procesos de integración regional son el camino para lograr un peso político y económico, en el concierto mundial, que cada país no tiene por sí mismo. La integración es una estrategia de supervivencia para los más débiles. También puede ser herramienta de liberación y cada tratado que firmamos puede ser un clavo más en el ataúd de la dependencia. Hay que atender tanto el contenido, como el contexto de los acuerdos.

La reciente visita a Uruguay de los Nicholas Burns y Thomas Shannon, importantes figuras del gobierno de los EEUU, dejó claro que para la potencia hegemónica mundial Chile, Brasil y Uruguay son «socios estratégicos». ¿Estamos hablando de cuestiones meramente económicas? No, sin dudas que está planteada una disputa geopolítica con mucho de ideológica. Pero también hay que señalar el estilo «confrontativo» que exhibe el ministro Astori hacia la interna de la izquierda. No es nuevo. Astori tiene un proyecto personal dentro del Frente Amplio y desde hace años busca desmarcarse, marcando su perfil propio. Reforma constitucional, empresas públicas, política exterior, papel de la inversión extranjera… candidatura a la Presidencia. En muchos temas importantes, en diversas circunstancias acató ­cuando lo hizo- las mayorías que generalmente le son esquivas en el seno de la coalición. El ministro de Economía sale además, como en esta ocasión, a pegar fuerte en un tema que lo enfrenta hacia la interna pero fortalece su imagen de «estadista», según el criterio de Búsqueda, El Observador y El País. No es ilegítimo lo que hace, tampoco inocente.

Sólo que al proyecto del Frente y de la izquierda toda, lo que le sirve (o no) debería debatirse en otros ámbitos primero. Si se elige el público, eso tampoco es inocente. Seguro que más temprano que tarde encontrará la confrontación que busca. Es una lástima, creo.

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