Se rascan donde les pica
Hace pocos días, un diputado nacionalista que tiene el penoso honor de haber sido el candidato a la Intendencia Municipal de Montevideo que concitó la votación más baja de la historia de su partido en la capital del país, la emprendió con una virulencia propia del desesperado, contra el directorio de Ancap, y especialmente contra su presidente.
Estaba preocupado porque Ancap no aumentó los precios en todo lo que debía haberlo hecho. Entonces no encontró mejor forma de atacar al Directorio que decir que Martínez se burlaba de la población, que la gestión del Directorio era «como el final de la espalda» (demostrando un grado educativo terciario no se animó a decir culo) y que se tenían que ir.
Del precio del crudo, la crisis energética de la región y cómo dejaron sus correligionarios la empresa luego de que no la pudieron malvender a causa de que el referéndum de 2003 les arruinara el negocio, no dijo una sola palabra.
Justo de los temas de fondo, de los que hay que discutir, el malogrado intendente y actual diputado no tiene opinión. Si en lugar de un artículo en la página editorial de El País hubiera sido una encuesta, el doctor Javier García estaría en la fila de no sabe/no contesta.
Pocos días después, la Lista 15 del Partido Colorado, que hasta hace poco gobernaba junto al Partido Nacional este país, lanza una (otra) ofensiva contra la gestión de Ancap.
Al parecer, les preocupa la transparencia en los negocios de la empresa y se dedican a echar sombras sobre la gestión del Directorio en la venta de los brillantes negocios que hicieron (con el economista Ache a la cabeza ) en la Argentina.
Se preocupan también porque del otro lado de la mesa se siente a negociar un ex ministro de Menem, pero no se les movió un pelo cuando al frente tenían a un Martínez de Hoz o a un Suárez Mason, ministros de la sangrienta dictadura argentina.
No se preguntan por qué Ancap y el país perdieron 250 millones de dólares, se preguntan por qué esos negocios –entre empresas privadas que ellos crearon– se venden sin licitación y a través de negociaciones directas de las que todos están informados de todo.
No se preguntan el porqué de quienes hicieron estos negocios gozan de la misma libertad que cualquier ciudadano honesto, tampoco se interrogan si esos malos negociadores con dineros ajenos perdieron algunos de sus bienes para mitigar –al menos en parte– el daño hecho al país y que todos debimos pagar.
Si será burda la «ofensiva» (así la titula El País) que llamarán a sala al ministro Lepra y Directorio por los mismos temas que hace dos meses los llamó el doctor. Abreu. O sea, los acuerdos con Venezuela y las compras de las estaciones Texaco.
Se ve que los pocos colorados que quedan en el Palacio Legislativo no se enteraron.
Ahora, si esa es la estrategia de la derecha, la de pegar al Directorio de una empresa que se ha alineado decididamente al gobierno en la definición de construir un Uruguay Productivo y con Justicia Social, ¿no debería preocupar a la izquierda? ¿Todo el peso de defenderse ante estos reiterados, efectistas y rastreros embates de una derecha que pugna por despegarse del piso de la banda de flotación electoral, seguirá recayendo en los tres integrantes del Directorio? ¿El ataque sistemático busca sólo atacar al Directorio y ministro o persigue el objetivo de revertir una imagen positiva que lenta y trabajosamente está recuperando la empresa vinculándose al Uruguay real?
En esta escalada confrontativa (perdón por el neologismo, pero está de moda y se me pegó) en la conducta política de blancos y colorados ¿fue correcto el momento de haberlos convocado a debatir una Política Energética de Estado?
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