Escrito por: JULIO A. LOUIS - Profesor
“Viejo, cuando yo era un muchacho un obrero me dijo: ‘Tenés que leer el Manifiesto Comunista’. ¡Los obreros lo leían!”. Con bronca Enrique Broquen, ideólogo argentino radicado en Montevideo y formador junto a Vivian Trías de la generación de los 50 en el Partido Socialista, me lo comentaba al término de su vida. A sus tertulias sabatinas asistíamos y le escuchábamos entre otros Eduardo Galeano, Carlos Machado, Conrado Hoffmann y Adhemar Sosa.
Eduardo, un referente indiscutido. No obstante, pocos de sus lectores conocen sus fundamentos ideológicos, que son los del materialismo dialéctico. Durante generaciones, varias camadas de militantes fuimos educados en el marxismo. ¡Y qué polémicas! Entre quienes nos considerábamos marxistas, o entre marxistas y anarquistas, o con los batllistas.
En los meses siguientes a la implantación de la dictadura (1973) me tocó dictar en Historia de las Ideas de la Facultad de Derecho cursos sobre marxismo, leninismo y Revolución Rusa. Otro tanto hicieron mis colegas. Hasta el 73 se estudiaba marxismo.
Pero un destacado egresado de Historia del Instituto de Profesores Artigas, recibido también en la Facultad de Ciencias Políticas, hace unos meses me dijo: “Las únicas nociones de marxismo en todos estos años me las diste vos”. Y en el Instituto yo dictaba Historia Americana…
Las generaciones de los 80, de los 90 y de esta primera década del XXI no conocen el marxismo. Peor, muchos lo perciben como una antigualla superada como la rueca o la máquina de escribir. ¿Qué ha sucedido? La victoria económica del capitalismo sobre el ‘socialismo real’, la deformación del marxismo en que éste se sustentó y la difusión del pensamiento único, del neoliberalismo y de la posmodernidad con su función desacreditadora de las grandes concepciones del mundo, despectivamente denominadas ‘los grandes relatos’, ha conducido a que la mayoría de la academia desconozca intencionalmente al marxismo. Ni una línea de refutación contra la dialéctica materialista, la teoría de la lucha de clases, la ley de valor, el Estado visto como instrumento de dominación. Mientras tanto a la miseria material la acompaña la irracionalidad de los ‘Pare de Sufrir’ y la difusión de valores imbuidos del más grosero individualismo a través de programas como ‘Gran Hermano’. Al marxismo, mientras tanto, por la vía del olvido, de la des-memoria, se pretende otra vez matarlo, tarea en la que la burguesía lanza empecinadas ofensivas desde el siglo XIX. Pero lo más grave, va ganando terreno porque ni siquiera se le estudia con seriedad en los partidos o institutos de formación socialistas.
La izquierda sufre una profunda crisis ideológica. Es llamativa la carencia de solidez de varios de sus dirigentes, que hacen gala del `pragmatismo’, hoja de parra de su desnudez conceptual.
Y como ha ocurrido siempre en la historia, a una tergiversación de derecha la acompaña otra de ‘izquierda’. Y con la derechización ideológica, corre pareja la vocinglería hiper-izquierdista, también ignorante del marxismo, o asida al más rancio dogmatismo, que confunde la lucha de clases con la estrechez sectaria.
Me propongo, potenciales lectores, con la periodicidad que me brinde esta página, re-presentar al marxismo; que no es bíblico, talmúdico, coránico, en cuyos párrafos se hace fe, sino al materialismo dialéctico fresco, rico, creador, antidogmático. *
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