Cuando se cumplen ocho meses de los cortes de rutas

Sábado 21 de julio de 2007 | 2:58
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S e cumplen ocho meses de bloqueo total en Gualeguaychú, lapso en que los uruguayos debimos sufrir la continua provocación de un grupo de pretendidos ambientalistas, azuzados y financiados por el gobierno provincíal de Entre Ríos, que cortaron el tránsito de y hacia nuestro país, por la sencilla razón, insólita, de que una empresa multinacional realizó una subida inversión, de más de mil millones de dólares, del lado uruguayo del río Uruguay. ¿Qué otra explicación existe para el despropósito que hoy se está diluyendo cada vez más ante las evidencias de que las siete pestes que la planta de Botnia provocaría no se producirán?

Estos pretendidos ambientalistas lograron extender su militancia antiuruguaya a las localidades de Colón y de Concordia, importándoles poco que alguna de esas localidades argentinas vivan del comercio con Uruguay. O sea, no sólo no tuvieron en cuenta lo que significaba desde el punto de vista humano cerrar las rutas, rompiendo las familias, creando mil y una dificultades a quienes viven de uno y otro lado del río, sino que tampoco les importó que cientos o miles de sus compatriotas vieran menguadas sus actividades, cerraran comercios, se redujeran a la mínima expresión las labores fronterizas, etc.

Ya conocemos lo ocurrido en Fray Bentos, donde el drama humano de la desocupación golpeó fuerte a todas las empresas que vivían del funcionamiento del tránsito sobre el puente binacional, situación que, por supuesto, se debe haber reflejado de la misma manera del otro lado del río.

A todo ello se debe sumar la actitud de gobierno argentino, que prescindió de su derecho de aplicar la ley en esa zona de su país, autorizando a que un grupo de piqueteros se erigiera en dueños y señores de una zona en que, ahora, para resolver el tema, los comerciantes de Concordia deben amenazar con acciones, en este caso totalmente justificadas, de acción directa. Y decimos esto porque en esa zona, en donde nadie hace cumplir la ley, ¿qué otro camino le queda a la gente que prender los motores de sus vehículos y pasar por encima de los obstáculos que los piqueteros interpongan en la ruta?

La responsabilidad sobre lo que ocurra, evidentemente, es enteramente del gobierno argentino que no ha querido actuar y que, de una forma y otra, le dio aliento a estos piquetes que hacen ya el ridículo en su obstinada lucha en contra de los molinos de viento.

En pocas semanas la planta de Botnia estará produciendo pasta de celulosa, en un proceso industrial altamente probado que no produce contaminación. ¿Qué les quedará a los piquetes en Gualeguaychú cuando estén hundidos hasta el cuello en el barro del ridículo? El tema es difícil de analizar, porque los disparates han sido tantos, la presión en la opinión pública tan perversa y torcida, que el derrumbe de un día para otro de todo su planteo se tornará en un proceso dramático.

Y el papelón no sólo será de los piqueteros, sino de quienes los apoyaron e hicieron la “vista gorda” para que por ocho meses cortaran impunemente el tránsito a Uruguay, que son los mismos que decidieron que en esa zona de la Argentina no imperara la ley ni las convenciones internacionales.

Si esa es la manera en que entienden la política electoral: ¡qué equivocados están! *

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