¡Saravá Ilustres!

El título elegido es casi un desahogo por haber titubeado y no gritarles lo mismo desde el palco el jueves 12 de julio en la Junta Departamental de Montevideo, a dos extraordinarias personas que la ciudad reconoció ese día como ilustres en sesión solemne: los profesores antropólogos Daniel Vidart y Renzo Pi Hugarte. Sé que me hubieran entendido cabalmente, por eso insisto en el saludo que alude a un código de ceremonia y dignificación umbandista.

Disfruté cada minuto del emotivo suceso en la Junta, incluso el momento en que su flamante presidente, edil Gabriel Weiss, el intendente capitalino, doctor Ricardo Ehrlich, y los homenajeados tomaron sus lugares en el recinto parlamentario.

El hecho era casi mágico, sí, como dijo Renzo, pero la magia la irradiaban ellos. Dos uruguayísimos ciudadanos del mundo a los que un poco acollaramos distinguiéndolos, antes que otros en los devenires de los tiempos se apropien de su prosapia nacional.

La evocación rescata al ser esencia a la par que a los docentes e investigadores que enseñan a interpretar a las comunidades trasmitiendo consideración hacia distintas idiosincrasias, conocimiento imprescindible para comprender la identidad de las sociedades contemporáneas. El respeto de los demás como valor ineludible de convivencia armoniosa es bien preciado que no siempre se detenta y es duro cuando se debe batallar por él. En eso nos han ayudado muchísimo a los religiosos afroamerindios estos laboratoristas de vivencias, observadores de la diversidad cultural de los pueblos.

Las diferencias académicas que con ellos puedan haber tenido o tengan sus pares, lejos de desvirtuar las teorías, han enriquecido discusiones y pulido saberes que a todos benefician.

Umbanda y los «cultos de posesión», como él peculiarmente nos ha llamado debido a la práctica del espiritismo en los rituales afro han sido otros en el Uruguay luego de las pesquisas de Pi Hugarte a quien nuestro hijo Germán siendo niño bautizó con el nombre «Zé Pelintra» por su carácter dado a la bohemia y deliciosamente trasgresor, como el personaje-espíritu de la noche brasileña.

Mi alma se llena de alegría al pensar en dos amigos de Atabaque que hoy reciben merecidísimas ponderaciones de la ciudad capital y que nos han honrado con cariño desinteresado por mera empatía auténticamente humana. Ya lo dijo Plutarco que «La amistad es animal de compañía, no de rebaño».

La excelente iniciativa de la edila Silvia Aguiar habla de la justeza en la distinción otorgada, que no paga los ministerios brindados aunque permite poner algo a cuenta.

«Caipira ñemoñaré» o descendiente de Artigas, como definió la edila profesora Glenda Rondán a Vidart en una cálida exposición cargada de vivencias.

Fue muy hermoso estar allí.

Estos célebres a los que no veo con la asiduidad que desearía, han expresado reiteradamente seguirme en las queridas y también mágicas páginas de este diario plural. Eso hace enorme la satisfacción y aun más la responsabilidad.

Por ello y porque lo siento profundamente, lo saben, dedico este texto a dos luminarias que nos seguirán deleitando con su antropologismo humanístico fundado en el amor a su profesión y a la gente. Su gente que hoy les dice ilustres desde el sentimiento.

Yo, que de la vida escribo lo que vivo con más audacia que valentía y ante tanto que agradecerles, remedando toscamente el lenguaje de los antiguos griegos les digo en prosa versada a Renzo y a Daniel:

Anda hombre, ve.

Carga ante el mundo tus loas de las cuales eres digno

porque digno te hicieron tus obras y tus pasiones.

El orgullo es nuestro. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje