Los viejos fusionismos
Así como suena, el fusionismo término o tema es más viejo que el «agujero del mate».
Es un antiguo enfrentamiento entre doctores versus caudillos, desde los albores de la Patria Vieja. Aquellos atrincherados en sus bufetes aristocráticos de la «city» de la época, autopropietarios de las «luces» intelectuales, no propias, sino importadas de Europa, veían con desprecio y alarma el principismo natural y serril de los caudillos. Estos, gauchos «crudos» en su mayoría, pero con un sentido o institución natural de amor por la patria, su gente y la libertad, surgían cuando los doctores desfondaban al partido a punto de la extinción, previo acomodos y enriquecimientos personales, para hacer las revoluciones con banderas dignas y honestas llenas de fe partidarias, que reivindicaban la colectividad llenándola de legítimo orgullo, que hasta hoy, los blancos disfrutamos. Pasadas las revoluciones, los caudillos volvían con el tordillo de la brida y sus armas guardadas, a atarlo de un arado para hacer patria de nuevo. Y los doctores también volvían con sus soberbias y ambiciones desbordadas y la historia se volvía a repetir. Claro, había excepciones. Algunos, pocones por cierto; Herrera tal vez como uno de los más notorios, luchaban con dignidad y entereza, en el acierto o error, pero con sentido de honradez y patriotismo en sus manifestaciones y luchas.
Y ya es en esos momentos, en los bufetes mencionados de la «city» vieja, se conversaba «de fusiones de los partidos para terminar con los caudillos. O sea, molestaba el sentimiento y actitudes cerriles de amor por la tierra propia contra los intereses imperiales que «compraban» los intelectuales de la «casta» dirigente universitaria. Oribe, Leandro, Aparicio no eran comprobables. Pero sí, el doctor Acevedo Díaz y sus doctores «calepinos». Y esa experiencia «triste» seguirá apareciendo en el tiempo de a «ratos», cada vez que algún personaje o grupo deseaba acomodarse. A veces tímidamente y otras más desembozadas como fue la tesis de Julio María sobre las «familias ideológicas». ¿Se acuerdan? Hombre inteligente el «ceja», sabe las «teclas» que pueden ser tocadas. Y hoy, sin perjuicio de querer reflotar la historia de su Partido Colorado, legítimo de su parte hacerlo, aunque la misma sea en muchos aspectos execrable, tratan como estrategia juntar blancos «blandengues» que escriben o se prestan públicamente a justificar figuras o hechos colorados cuyos «gestores» sólo producen arcadas al punto de examinarlas objetivamente. En el fondo y superficie incluidas son los neofusionistas que se visten con otros ropajes para reflotar al coloradismo y sus variantes batllistas pro imperialistas, anticlericales, antinacionales y entreguistas contra los que el libertador Manuel Oribe combatió y Leandro y Aparicio murieron. Si el Partido Colorado se muere, ¡que reviente! No seré yo ni ningún blanco principista o radical que le acerquemos los «santos óleos»! Se los buscaron después de 170 años de traiciones, canalladas y entreguismos imperialistas! Desde el mismo día que violaban la soberanía nacional con los buques imperiales británicos y galos en la rada de Montevideo, cuando el sitio, o cuando arrasaban Paysandú para obtener el gobierno con Tamandaré y el asesino de Mitre y su general «Añamembui» sangre y fuego, hasta hoy, los vemos todos «juntitos» homenajear a hombres que fueron vicealmirantes enemigos de nuestros próceres blancos y sus principios nacionalista. A veces es preferible perder, que vender el alma y principios que hacen el «cerno» mismo y razón de ser del partido. Parece que se está cometiendo error similar al monstruoso de la izquierda, que hasta recientemente gritaban «Yankis go home» y hoy se abrazan con Bush y la Condoleezza. En buen romance, dejaron de ser izquierda para transformarse en neoliberales arribistas. Si me junto con los colorados mostrándome en dulce contubernio público incluso, dejo de ser blanco para tomar el «tinte» rosadito del «travesti» político. Los blancos jamás podemos poner juntos las fotos del Libertador Oribe con la del pardejón Rivera. Decía Wilson: «Los blancos con los blancos! Sería el fin fisiológico del Partido Blanco. Los «acuerdetes» o fusionismos subliminales con el coloradismo. Y a los que les guste o sientan la «obligación» de exponer, escribir o rendir pleitesía a Julio María y sus «salvajes unitarios» colorados, defendiendo a los enemigos viscerales del Libertador Oribe, las puertas de la colectividad fueron siempre de vai-ven. No se ató jamás a nadie… Pueden colgar en sus casas o bufetes las fotos de don Frutos, Tamandaré, Mitre, su general Añamembui, Garibaldi o Batlle por decir algunos. En nuestras almas y paredes partidarias, seguirán estando las del Prócer Artigas, la del Libertador Oribe, la de Juan Manuel de Rosas, Leandro, Fco. Solano López, Aparicio, Herrera y de todos los federales que hicieron estas patrias. ¡Vivan los blancos!! ¡Carajo! *
Compartí tu opinión con toda la comunidad