Oposición inconducente

F inalmente, ambas cámaras parlamentarias dieron sanción el martes pasado al proyecto de ley por el que se prorroga la estadía de tropas uruguayas en Haití. Se trata no solamente de continuar el cumplimiento de acuerdos internacionales, sino, fundamentalmente, de ayudar a esa nación caribeña a salir de la situación crítica en que se halla como consecuencia de siglos de atraso y expoliación sufrida a manos de las grandes potencias. Recordemos que fue el propio presidente Prevel quien solicitó apoyo de la comunidad internacional para vigilar y llevar adelante el arduo proceso de democratización del país, de estabilización política, de combate a la corrupción y a las mafias y de redignificación de su población empobrecida.

La autorización parlamentaria para que personal militar uruguayo siga participando en la misión de paz habría pasado inadvertida de no ser porque el pedido del Poder Ejecutivo planteaba una prórroga de un año y en la Cámara de Diputados ese plazo se redujo a cinco meses. Discrepancias internas, pequeños disensos y puntos de vista diferentes sobre el asunto motivaron que se llegara finalmente a esta solución salomónica por la cual se autorizó la prórroga pero por un lapso menor del solicitado por el Ejecutivo.

El senador Baráibar fue claro en la sesión del martes de la Cámara Alta al afirmar, ante las críticas de la oposición, que las discusiones internas son moneda corriente en el Frente Amplio. Tal afirmación es exacta y abundan los ejemplos en ese sentido desde el momento mismo de la creación de la coalición de izquierdas.

No obstante, el episodio adquirió ribetes de catástrofe cuando la oposición aprovechó la ocasión de hacer notar la aparente incoherencia de la fuerza política gobernante. Lo cierto es que, objetivamente, el hecho fue presentado por los partidos del llano como un grave enfrentamiento interno entre el Presidente y los legisladores.

Los senadores oficialistas Michelini, Baráibar, Breccia y Korzeniak se encargaron de restar trascendencia al asunto y de desvirtuar los argumentos de la oposición. No obstante, a los ojos de la opinión pública se verificó la paradoja de que quienes apoyaron la iniciativa presidencial fueron los legisladores de la oposición.

El asunto no merecería más comentarios de no ser porque demuestra, una vez más, que la estrategia opositora apunta a mostrar y a exacerbar las discrepancias internas del Frente Amplio presentándolas como incoherencias, como contradicciones, o dándoles una gravedad que no es tal.

Decimos esto porque el martes en ambas cámaras legislativas no se discutió sobre si el plazo de 150 días aprobado era más adecuado que el de un año solicitado en principio por el Ejecutivo. No estuvo en debate la pertinencia de la permanencia de nuestras tropas en Haití. Las críticas de la oposición se centraron en jaquear a los legisladores de modo de dejarlos mal parados.

Como bien señaló el senador Baráibar, la estrategia opositora parece empeñada en «cobrar todas las cuentas al gobierno». Nosotros entendemos que dicha estrategia es inconducente, no aporta elementos de peso al debate político ni propicia la reflexión enriquecedora.

Es una triste imagen la que se brinda a la opinión pública cuando la oposición se limita a enrostrar errores al gobierno y a recriminarle una supuesta falta de coherencia en vez de ocuparse de asuntos de real importancia para el país.

Es cierto que el verdadero trabajo parlamentario se da en el ámbito de las comisiones. Allí se debate la esencia y la forma de los proyectos de ley, allí se corrigen y modifican aspectos de los mismos. Pero el plenario es la cara visible del Parlamento; es allí adonde concurren las cámaras de televisión para difundir las imágenes a toda la población.

No es un camino acertado. Está en juego el prestigio del sistema político. *

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