Nueva concepción sobre la competitividad

Los conceptos manejados por el ministro de Economía en torno a la competitividad están en línea con las más modernas tendencias de los técnicos en desarrollo que observan como los mecanismos clásicos, de abaratar los costos en base al salario y con un dólar alto que determine abultada ganancias, ya no tienen andamiento. «Hay una visión estática de abordar el tema de la competitividad, basada en nuestras ventajas comparativas innatas y en consideraciones de precios y de costos, y se cree que modificándolos se consigue más competitividad», dijo Danilo Astori ante una atenta audiencia en un encuentro convocado por la Asociación de Dirigentes de Marketing, agregando: «Por ejemplo devaluando o alterando el tipo cambio; reduciendo o congelando salarios; a los que se les echa la culpa de la falta de competitividad; o estableciendo medidas proteccionistas, o subsidiando generalizadamente toda la economía».

Sin duda que en este aspecto el ministro tiene la razón de la experiencia en la coyuntura, en la cual se convive con un dólar «planchado», que debe ser sostenido por el Banco Central, vía compras casi diarias del Banco de la República, cuando, además, se siguen incrementado los salarios por la vía de lo establecido en los Consejos de Salarios, lo que ha servido a ojos vistas para mejorar los niveles del consumo y, por supuesto, para multiplicar la actividad. Tampoco se llevan adelante políticas de subsidios, que no sean las que se realizan a través del Panes.

Para el ministro, el nuevo enfoque radica en entender que la evolución de la competitividad se explica por la conjunción de cuatro elementos: la inversión, la innovación, apoyando la primera, la internacionalización o apertura, cada vez más importante, y mejores y más modernas relaciones laborales.

Este enfoque, «supone sostener que las personas, empresas e instituciones son los principales actores que determinan la posición competitiva de la economía. Son decisiones empresariales las que están en la base de la evolución competitiva».

O sea que no ocurrirá más como en otra época, que la exportación dependía de los equilibrios internos macroeconómicos que le daban a los exportadores precios competitivos, en la cual las medidas internas jugaban un rol fundamental, esencialmente devaluando el peso frente al dólar, lo que implicaba un empobrecimiento generalizado de la población que se verificaba por una caída, en términos reales, de los salarios. De esa manera, eran los asalariados los que pagaban el margen de competitividad de los productos de exportación, trasladando al exterior productos con precios bajos logrados en base a la pobreza de los trabajadores uruguayos.

Por ello la concepción sobre competitividad del ministro Astori, que es también la del gobierno progresista, difiere enteramente de las que se aplicaron en el pasado y, es evidente, que más allá de la coyuntura internacional favorable –que además se mantendrá así por varios años más — está dando buenos resultados. Las exportaciones siguen creciendo en un incremento constante, pese a que todavía la estructura productiva de Uruguay muestra sus deficiencias.

Ello, porque casi el 70% de nuestras ventas al exterior se concretan con los productos tradicionales, con muy escasa mano de obra incorporada, situación que nos hace claramente dependientes de los vaivenes coyunturales y, además, plantea problemas difíciles de resolver en materia de distribución de la riqueza.

El futuro es nuestro si sabemos timonear con firmeza hacia él. *

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