Mala combustión o mala leche
Si las autoridades de Ancap supusieron que luego de la interpelación al ministro por los acuerdos comerciales con Venezuela y la compra de las estaciones Texaco iban a tener algún minuto de calma, se equivocaron.
De inmediato apareció el circo en torno al abastecimiento de garrafas de supergás que mantuvo a los directores contestando toda suerte de disquisiciones que expertos hombres vinculados a los medios desarrollaban con el suficiente rigor técnico que dan años de transitar por los accesos cercanos a la refinería de La Teja o estacionar frente a un surtidor.
Hace algunos días comenzó el tercer capítulo denominado «El gasoil de Ancap es malo».
La última edición del suplemento Empresa & Negocios del semanario Crónicas destina su portada y las páginas centrales para analizar la cuestión .
Según este medio, una serie de expertos –casi todos ellos escudados en riguroso anonimato– llegaron a la conclusión de que el alto contenido de azufre «… afecta directamente a motores con sistemas sofisticados y de alta sensibilidad».
De inmediato aparecen datos ampliatorios por parte de los «expertos» y –¡oh casualidad!– la culpa la tienen los petróleos venezolanos. (Es que este Chávez es fatal). Siempre siguiendo la opinión de los «expertos» entrevistados, la mayoría importadores de estos vehículos, parece que el gasoil autóctono produce problemas en el arranque, en los cilindros, en los pistones, en la inyección, etc., etc., a causa del gasoil «destroyer».
Aparentemente, ni estos «expertos», ni el periodista que arma la nota están enterados de que Ancap adquiere los crudos de acuerdo con determinadas características técnicas que deben ser respetadas tanto por Pdvsa como por cualquiera de las otras empresas que la abastecen. En el gasoil que se vende al público y que se vende cumpliendo determinadas normas técnicas, nada tiene que ver la procedencia del petróleo.
Para tener una idea hasta dónde estos «expertos» están equivocados, basta decir que estos problemas mecánicos datan de dos años a esta parte (resultaba muy violento poner 29 de marzo de 2005, fecha en que asumió el actual Directorio) cuando el petróleo venezolano de la misma calidad es importado por nuestro país desde hace decenios. Ni allá gobernaba Chávez ni aquí Vázquez.
Si estos motores empezaron a fallar desde hace dos años creo que están «ideologizados».
Los informantes de la nota periodística se sienten pesimistas porque la CIAU (Cámara de Industriales Automotrices de Uruguay) presentó una nota a Ancap alertando sobre el problema, pero lamentablemente no tuvieron respuesta.
No están enterados, ni la CIAU ni los «expertos» consultados, de que Ancap hace más de un año que viene trabajando en el diseño de las reformas necesarias y montar las plantas en su refinería para obtener la disminución de azufres en gasoil y gasolinas.
Tampoco están enterados de que –entre tanto– se analiza la posibilidad de importar un gasoil Premium para satisfacer la demanda de este sofisticado sector de consumidores.
En los últimos años (1994 y 2003), cuando había otros gobiernos en el país y otros directorios en la empresa pública, se hicieron dos remodelaciones en la planta de La Teja donde se invirtieron varios cientos de millones de dólares, sin que se enfrentara el problema de los altos contenidos de azufre de los combustibles.
No recuerdo a actuales interpelantes, periodistas o empresarios, haber planteado el problema, ni en defensa de los vehículos ni desde la óptica medioambiental.
Leyendo el artículo de Crónicas llegué a dos conclusiones. La primera es la Imprevisión (así con mayúscula) de estos importadores que trajeron costosos automóviles y no alertaron a los compradores de que los uruguayos les estamos comprando el petróleo a Chávez, cuando esos rodados –por el alto grado de sofisticación– debieran ser cargados de combustible en la NASA.
La segunda es que cuando cambie mi viejo Escort (aunque con volante a la izquierda y palanca al piso) no me esperen en sus automotoras. *
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