Había una vez… "hombres malos, hombres buenos"

Tuve un sueño… creo que fue un sueño.

Bueno, mejor no buscar mucho en mi mente para resolver si fue o no un sueño, mejor se los cuento y ustedes decidan qué fue, ya que solo no lo voy a resolver.

Había una vez un país en el que la gente vivía feliz. Su ubicación en el planeta, imagino, que al sur del Ecuador, y le llamaré X. El trabajo abundaba, por lo tanto, no padecían hambre (por lo menos la amplia mayoría).

A ese país, llegaban gentes de lugares muy lejanos. Con idiomas indescifrables para todos los autóctonos. Ellos, los extrafronteras, se asombraban de algo muy natural para los que en X habitaban: una infusión que bebían continuamente. De diferentes costumbres, los recién llegados se fueron adaptando a las de su nuevo lugar. Con el tiempo, se logró una comunión indisoluble, amor mediante: la formación de parejas. Con lo cual nacieron hijos que mezclando culturas, religiones y demás… se llegó a tener generaciones fructíferas, que lograban desarrollarse plenamente. Y como en X había dónde demostrar los conocimientos adquiridos (industria, agro, etc.) no era necesario hacerlos de los llegados allí.

Así transcurrió mucho tiempo, con felicidad.

También existían luchas de los de «abajo» pretendiendo llegar a «arriba».

Esa gente que llegaba, corrida por el hambre desde el origen, transmitía sus conocimientos (que eran muchos), y también contaban de enfrentamientos de pueblos contra otros, de «hambrunas», de castigos, de torturas, de instalaciones inmensas donde a los que allí tenían encerrando los que iban «ganando», les mantenían largo tiempo, los maltrataban de tal forma, que morían. Y también los asesinaban.

Cosa que los habitantes de X, poco creían. Y pensaban que a ellos jamás les tocaría «vivir» esas cosas.

Más como todo, para creer hay que padecerlo, O «vivirlo»… en X llegaron tiempos difíciles, con habitantes que se llevaron por delante a los que ellos creyeron que molestaban en sus «planes». Que hicieron: encerraron, maltrataron, hambrearon, mataron, expulsaron de sus tierras a todo aquel que se negaba a aceptar las condiciones de vida que imponían los más «fuertes»… Entonces los habitantes de X comenzaron a comprender a todos los que habían llegado de otros lares y que les contaban historias muy parecidas. Por lo tanto la unión fue más fuerte en contra el enemigo en común.

Transcurrieron muchos años en ese «infierno». Familias enteras disgregadas por diferentes regiones (muchas llegaron a los mismos lugares de donde habían llegado a X los extranjeros), buscando lo mismo que ellos tiempo antes: felicidad, calmar el hambre, educación, etcétera).

En X, en los lugares de trabajo, expulsaban los que se oponían a las ideas de los que «mandaban», señores muy rudos, omnipotentes, y que se hicieron «dueños» de todo. Esos señores tenían la muerte pintada en la cara.

Entonces todos aquellos que «molestaban» a sus intereses, los dejaban de lado: sin trabajo, los encerraban, los hambreaban, los expulsaban de su lugar de origen y también los mataban.

Esas familias sufrieron tanto, que luego e muchos años, siguieron sufriendo: no encontraron a sus familiares, amigos, compañeros de tareas. Sus hijos padecieron enfermedades engendradas en las panzas de sus madres. Otros el haber ido a tierras lejanas (culturas diferentes), no lograron desarrollarse y sufrieron por mucho tiempo, junto a sus padres lo que aconteció en aquellas épocas de «hombres malos».

Pero, siempre existe un «pero»… El bien triunfó sobre el mal. Y los «malos» se tuvieron que retirar… Y vinieron épocas de «hombres buenos».

Entonces éstos intentaron hacer «las cosas bien». Tratar de compensar a todos aquellos que padecieron tanto sufrimiento. Que tuvieran una vejez digna, que no padecieran hambre, que tuvieran acceso a la salud, etcétera.

Pero, siempre existe un «pero»… Algunos que padecieron todo el horror implementado por los «hombres malos», que sus familias fueron perseguidas, maltratadas, encerradas, expulsadas de sus tierras, asesinadas, que sus hijos llevaron marcadas, por siempre, esas épocas en su sangre, no fueron «reparadas», por lo tanto lo reclamaron, insistieron, hablaron con los «hombres buenos»… Y de esa forma defendieron sus derechos, sus luchas de tantos años, sus persecuciones, sus encierros, sus expulsiones de su lugar, sus asesinatos…

Y, qué pasó… me desperté… Por ello se los cuento… A lo mejor alguien me ayuda a resolver este «mal sueño». Y podremos descansar todos aquellos que padecimos los sufrimientos de los «hombres malos», y que también necesitamos tener una vejez feliz, sin hambre, con atención médica. Y descansar con la satisfacción de haber logrado, por lo menos parte de los propósitos que nos llevaron a luchar contra los «hombres malos», y que también nuestros padres hicieron, y de esa forma poder dejar un legado a nuestros hijos, y poder mirar de frente al futuro…

Bien, además les digo que cualquier similitud con estos tiempos, y también referido a la implementación de la Ley 18.033 (reparación de daños sufridos durante el período dictatorial, 1973-1985, por hombres y mujeres de nuestro país), es pura casualidad. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje